lunes, 22 de enero de 2018

Días de monte 43

Contra todo pronóstico nos encontramos un sábado despejado y con una temperatura magnífica para hacer monte. Como en la víspera había llovido todo lo que quiso buscamos un destino algo más al sur y que tuviera un terreno de poco barro. Así que optamos por ampliar nuestros conocimientos de la sierra de Arkamo. Esta vez la abordamos por la cara sur desde Artaza, una aldeíta de cuatro casas, y con un acceso por el que apenas cabía el coche, en la zona patatera de Álava. Por este lado la sierra tiene una subida progresiva y no tiene la caída vertical de Kuartango. Aprovechamos la pista que da acceso a las antenas que destacan en lo alto para visitar las dos cumbres más altas de la zona Kotorrillo y Montemayor 1.085 metros cada uno. 

La subida fue tranquila rodeados de un encinar denso. A medida que subíamos se iba abriendo una panorama más extenso de lo que nos habíamos imaginado: los montes de Valderejo, la sierra de la Demanda en el horizonte, la sierra Cantabria, la entrada a La Rioja, el macizo de Aralar y el Aitzgorri, S. Donato, Amboto, Gorbea... Todos con nieve lo que parece que los acerca. Cuando pasamos a la meseta soplaba un airecillo que nos obligó a protegernos algo más. Luego al culminar el Montemayor buscamos una zona en la bajada con losas, al sol y al socaire para darle a la mandíbula.

A la bajada nos pasó lo de siempre, en vez de volver por donde habíamos subido, que era lo previsto, nos decidimos a hacerlo por la otra vertiente. Y a golpe de garmín, Orencio nos iba diciendo por dónde debía haber un camino al que nunca llegamos. Así que reconocí una torre de tendido eléctrico que estaba al borde de la pista de subida y propuse tomar aquella dirección. Tuvimos que sortear toda suerte de hoyos típicos de ese terreno y de las matas de encinar cerrado por donde era imposible pasar, pero dimos con la pista.

Estuvimos acompañados de sonidos de silbos, ladridos de perros, algún tiro disperso. A medida que nos acercábamos al pueblo vimos movimiento de todoterrenos, algún grupo de cazadores y más perros. Cuando nos estábamos cambiando de calzado junto al coche, un señor mayor se nos acercó con ganas de charlar y nos comentó que estaban dando una batida al jabalí. En efecto, hoy he visto en el Teleberri que en Álava hay una plaga de jabalíes lo que ha obligado a organizar diversas batidas.  Según Juanjo aún nos queda otra zona de Arkamo por descubrir más cerca del monte Santiago y de la cascada del Nervión, así que acabaremos por visitarla.




martes, 16 de enero de 2018

Menores ¿delincuentes?

Estamos pasando en Bizkaia por una serie de acontecimientos deplorables, referidos a menores que roban, violan, agreden e, incluso, llegan a matar. Sé que al escribir esto me voy a meter en un charco peligroso y que no pocos me podrán llamar de todo. Lógicamente lo escribo desde mi perspectiva de educador social que ha tenido y ha querido convivir y pelear por sacar adelante a chavales y chavalas de este pelo. Aquello comenzó en la década de los ochenta, cuando las cosas tampoco eran muy fáciles; estaba todo el entramado social medio haciéndose y no había ni la mitad de recursos sociales que hoy. 

En primer lugar me parece injusto que se califique y, lo que es más grave, se clasifique a estos menores como delincuentes. Esto significa que ya les hemos puesto en la categoría de señores como Urdangarin, los Pujoles, Fabra, Camps, González, Correa, el Bigotes, Bárcenas, Rato... Esos sí son delincuentes y ya no tienen remedio. Es verdad que estos menores han delinquido y eso no puede quedar impune: como todo hijo de vecino deberán asumir las consecuencias de sus actos. Pero de ahí a clasificarlos de entrada como delincuentes hay un salto muy peligroso, porque se les marca de por vida y eso hace imposible cualquier intervención que intente recuperarlos. Para llegar a delinquir con esa sangre fría hace falta estar muy perdido, desorientado y sin perspectiva en la vida. Con esa clasificación a la espalda sabrán que su único futuro será seguir delinquiendo: les hemos abortado cualquier posibilidad de rehacer su vida, por muy pequeña que sea. En ese caso, acabarán siendo unos míseros pringados, dependientes de la caridad pública o privada después de haberse dejado la vida en dependencias penitenciarias.

Me he lanzado a escribir esto porque acabo de leer en la prensa que uno de los menores culpable de un asesinato en Bilbao tiene solo trece años. Los servicios sociales de base de su municipio mandaron un expediente con la calificación de grave a Acción Social de la Diputación Foral, que es la responsable de atender esos casos. Al poco tiempo devolvieron dicho expediente calificándolo de moderado y lavándose las manos. No sé cómo les habrá quedado el cuerpo una vez visto el resultado, pero ese chico tendría que haber estado tutelado y controlado por los recursos forales ¿Qué hacía a las cuatro de la madrugada en la calle en vísperas de Nochebuena? Si se sabía que era un caso grave, era de suponer que pasaba por encima a sus padres o que éstos lo tenían desatendido. O sea, que ahora hay otros ciudadanos que han tenido que pagar en sus carnes o en su familia las consecuencias de no haber actuado a tiempo y, por parte de los menores, será potencialmente más difícil conseguir algo positivo que si se hubiera intervenido de manera preventiva.

Según estábamos leyendo esto, mi suegro me ha preguntado que ahora quién tiene la culpa de esto. Lo primero que se me ha ocurrido es aquello de "entre todos la mataron y..." Lo que realmente importa no es en rasgarse las vestiduras ante estos hechos y buscar un chivo expiatorio que se coma el marrón. Se habla mucho de la fractura social, de la pobreza laboral, de la deficiencia energética o la precariedad de la vivienda, se denuncian recortes en la enseñanza y en los servicios sociales... No hace falta ser un vidente para darse cuenta de que estos casos son síntomas y -aunque las autoridades se desgañiten a decir que no son bandas organizadas- van a ir en aumento en las condiciones sociales a las que nos están abocando las políticas dominantes.

Ahora nos queda hacernos las preguntas adecuadas para tomarnos en serio el problema de estos menores, que no se va a arreglar con cárceles o similares. La pregunta no puede ser "por qué han hecho esto", sino "por qué han llegado a hacer esto". La decisión de robar o de agredir para conseguir lo que sea no se toma de la noche a la mañana. Como en todo lo humano se da un proceso dentro un caldo de cultivo ¿Cuantos de ellos comenzaron con un absentismo escolar, o acusados de buling en la escuela? ¿De cuántos se sabía que había broncas o malos tratos en la familia, o problemas de salud mental en los progenitores? ¿Cuántos han intentado vacilar a la policía municipal con trastadas, cuántos han tenido expediente de los servicios sociales...? ¿En cuántos de estos casos se ha mirado a otra parte quitándose el problema de en medio? Y sin embargo, han llegado hasta aquí y nos están diciendo "aquí estoy yo, que alguien me haga caso". Claro, al final lo han hecho de la manera menos adecuada -como habrá sido su vida-, pero ese es nuestro deber como sociedad: hacerles caso e intentar salvar lo que, aparentemente, parece insalvable.


lunes, 8 de enero de 2018

Días de monte 42

Tarde pero seguro. El tiempo navideño me ha mantenido un tanto alejado del ordenador. Hemos cerrado la temporada de monte del 2017 el día 30 de diciembre con un bonito paseo recomendable para casi toda las condiciones físicas y de edad: perderse sumergidos en un hayedo del parque de Gorbea. Se le conoce como camino de las Burbonas, que son tres colinas de algo más de 900 metros, pero con una ascensión suave, con una  pista perfectamente señalada y, para los menos montañeros, no es preciso hollar las cumbres para disfrutar del entorno. Nos llamaron la atención los extraños artilugios -spunik, platillo- que señalaban y adornaban las cumbres de la occidental y de la oriental. Parece ser que en la central no se inspiró nadie, o que no quedan restos si hubo algo.

Llegamos hacia las ocho y media de la mañana al centro de interpretación de Sarria, cercano a Murgia. Desde la misma entrada sale una pista señalizada con unos círculos amarillos bien visibles en troncos o en estacas balizadoras. Es un circuito circular que llega al camino central a la altura del refugio Aldarro. Volvimos a las doce y media, más o menos, al coche, contando con las paradas de fotos, de algún que otro despiste por meternos a monte través y de comida. No es un trayecto para contemplar grandes paisajes, como se puede imaginar, ya que no se sale del bosque ni siquiera en las cumbres.
De todos modos, como se puede ver en las fotos, entre las ramas peladas de las hayas se vislumbraba la cumbre con neveros de Gorbea. También pudimos ver desde lejos los trayectos que llevan a Barambio, al Oderiaga y los montes de esa zona del parque, lo que nos sirvió para planear nuevas salidas por esa zona.

Quiero destacar el derroche de agua que también nos rodeó por todas partes: en el camino, en arroyuelos, en balsas, en barrancos y en un río Bayas que se salía. Nos coincidió de lleno el deshielo de la nevada anterior, vamos, todo un espectáculo visual y sonoro y todo un chute de vida natural para levantar el ánimo. Quedamos en inaugurar el programa del 2018 con una cumbre que supere los mil metros para comenzar con ganas la temporada.

miércoles, 13 de diciembre de 2017

Bonita sorpresa

El día 6 nos decidimos a pasar unos días en Quintanilla creyendo que solo habría algo de nieve en los altos o las cunetas. Ingenuos de nosotros, nada más pasar el Cabrio vimos todo nevado y al llegar nos encontramos con lo que se ve en las fotos. De entrada nos llevamos un susto porque ni siquiera pudimos llegar en coche hasta la casa, pero luego lo disfrutamos de lo lindo. Nuestra estufa no paró de trabajar y se tragó, para salvación nuestra, cuatro carretillas de leña.

Los dos días siguientes nos regalaron sendas heladas de las que dan fe las fotos de los carámbanos y, entrado el día, un magnífico sol que nos permitió disfrutar de unos paseos estupendos, eso sí, con unos agradables cuatro grados al sol. Enseguida anochece, pero también está el gozo de una lectura pausada con los pies cerca de la estufa. No faltaron algunos trabajos de los que no se pueden dejar para otro día, como, por ejemplo, atacar a las omnipresentes polillas que reaparecieron en la madera que sirve de base a las tejas. También aproveché para iniciar la poda.

En fin, un puente bien aprovechado y una alegría profunda por ver por fin agua y nieve, cuando aquello se estaba pareciendo ya a un erial con semejante sequía. El próximo verano tendremos agua en el embalse del Ebro, aleluya.


lunes, 20 de noviembre de 2017

Días de monte 41


El sábado 18 retomé mis andanzas montañeras tras un largo período de abstinencia provocada por un inoportuno ataque de lumbago -llevaba casi dos años sin recordármelo- y algún fin de semana en Quintanilla. Esta vez nos dirigimos a Kuartango. Ya estuvimos en la sierra Badaia y ahora nos tocaba su vecina de enfrente la sierra de Arkamo. Partimos desde Arriano, que es un buen acceso para ascender a la altiplanicie, e hicimos la ruta de las cumbres de aquella parte de la sierra Coronas, Repico y Riscomalo. Nada más entrar en el valle comprobamos que arriba nos esperaba la niebla, lo que no nos iba a poner las cosas fáciles sabiendo que el terreno es bastante escabroso. 

La primera parte de la subida se hace por pista con fuerte pendiente, para superar el barranco. Al otro lado del mismo se encuentra el impresionante farallón Colorado que cierra aquella parte del valle. Tal como estaba previsto la niebla nos lo puso difícil, aunque no nos arredramos esperando que a lo largo de la mañana iría levantando.
Dimos más vueltas que una noria para alcanzar el Coronas porque perdimos de vista las señales y acabamos subiendo a la brava. Luego para enlazar con la cumbre siguiente volvimos a estar despistados hasta que conseguimos dar con la pista adecuada y desde ahí fuimos siguiendo los hitos formados con pilas de piedra. Siguiendo la costumbre de Orencio, fuimos poniendo alguna más en cada uno. En realidad, fueron nuestra salvación, porque estuvimos a punto de meternos en otra encerrona. Para remate al regresar nos pasamos de largo del portillo de acceso y gracias al garmín de Orencio frenamos y para abajo. 

Después de acceder al Repico buscamos una zona al socaire y dimos cuenta de nuestras típicas viandas: Juanjo su bocadillo de jamón, Oren su salchichón con pan al corte de navaja y galletas y Luisfer su chocolate negro con avellanas, cacahuetes y fruta. Como no andábamos sobrados de tiempo a costa de los despistes iniciales, dejamos el Riscomalo y a través de una depresión típica de las zonas calcáreas -de cuyo nombre técnico no me acuerdo- que forman grades charcas, emprendimos el regreso. 

A partir de las doce se fue despejando la niebla, lo que nos permitió quitarnos algo de ropa. Ha sido uno de los viajes que más veces nos hemos cambiado. En la subida íbamos abrigados y, como era exigente, sudamos y quitamos abrigo. Con la niebla, sacar gorro, el cortavientos guantes y lo que fuera, hasta que el sol se encargó de que hiciéramos el último cambio. Pudimos   reconocer, por fin, el terreno que habíamos andado y contemplar un poco el panorama. Por una parte el valle de Tobalina, el de Losa y el de Valdegobía.
Por otra, el valle de Kuartango presidido por su otero el Marinda. A su espalda los llanos donde se encuentran las primeras fuentes del Nervión y a lo lejos el monte Santiago. Esta sierra nos gustó más que la de Badaia aunque a la hora de andar presenta mayor dificultad. Otra cosa curiosa es la costumbre que tienen por aquí de hacer pilones de piedra en las cumbres, como se puede comprobar en alguna foto de las que se ven aquí. Nos hemos prometido regresar a completar las cumbres de la zona más cercana al desfiladero de Tetxa. 

sábado, 4 de noviembre de 2017

Independencia judicial

La jueza Lamela no es independiente: ha regalado la campaña electoral a los partidos independentistas. Ha encendido el pebetero de los mártires de la patria catalana que va a iluminar todo el proceso de ahora en adelante. Cuando el bloque independentista parecía dar señales inequívocas de grietas y de perplejidad, ella lo ha arreglado de un plumazo para que vuelva a reunirse. Mientras los que hicieron creer a mucha gente que era posible lo que sabían que era imposible tendrían que estar dando explicaciones de ello a la ciudadanía, les ha puesto una mordaza  que los ha convertido en ídolos. Ha vuelto a convocar a las masas y ella sola ha conseguido repetir movilizaciones que parecían dormidas por efecto del 155 famoso. De paso, indirectamente, ha conseguido agitar el avispero de los partidos no independentistas, reivindicando cada uno para sí la quintaesencia de la democracia, lo que no deja de ser otro regalo. Otro sí, ha llamado a arrebato a todos los medios de comunicación, que han desplegado una miríada de politólogos, profesores, sabelotodos, enteradillos de todo tipo y calaña, pugnando entre sí para ver quién consigue más audiencia a base de echar más carnaza y más leña al fuego. Lo mejor del asunto es que sus decisiones no tienen marcha atrás, porque no se puede traspasar la línea sacrosanta en democracia de la independencia de poderes.

Llegado a este punto yo me pregunto si los jueces, además de eminencias independientes para poder tomar decisiones trascendentes, son seres humanos que viven en una tierra determinada, en un tiempo determinado, con una gente determinada. Es decir que también se les puede exigir, además de que sean independientes, que sepan qué está pasando ahí fuera entre los mortales y qué consecuencias puedan provocar sus dictámenes. Dicho de otra manera, que las leyes por muy leyes que sean no descienden del hiperuranio leguleyo para dictarnos lo que debemos hacer en determinadas coyunturas, pasando por encima  de lo que se cuece y del sentido común. No creo que sea mucho pedir.

martes, 17 de octubre de 2017

Días de monte 40

Hace unas semanas conseguimos hollar la cumbre del Ilso de las Estacas 1015 en la sierra de Ordunte, desde Bernales Karrantza. Y digo conseguimos porque resultó una de las ascensiones más ingratas y pesadas, menos mal que por fin hicimos cumbre. En una primera parte la ascensión transcurre por pista hasta que un endemoniado track nos desvió por una loma muy bonita, pero ello supuso que tuvimos que dar una serie de vueltas bordeando cortes del terreno por sendas de ganado. Llegamos a una fuente a la que no pudimos acercarnos por el barrizal que había formado el ganado. A partir de ahí todo fue subir con fuerte pendiente en senderitos que inituíamos, porque no sabíamos dónde poníamos el pie. Los matojos, las árgomas, el brezo nos llegaban hasta la cintura en la mayor parte del camino, hasta que al final cada uno nos fuimos buscando por dónde subir. A la bajada, tras rectificar un par de veces y tras espantar todo un rebaño de vacas, dimos con la pista que no debimos abandonar y que nos hubiese ahorrado bastante tiempo y vueltas.

Se llama ilso en esta zona de las Encartaciones a las piedras que se ponían para marcar las líneas divisorias entre municipios, en este caso también de provincias o comunidades autónomas: el valle de Karrantza, Bizkaia, y el valle de Mena, Burgos. También hay otro Ilso entre Güeñes y Gordexola que lo hicimos Oren y yo hace poco.
Para completar el desastre nos encontramos que en la cumbre en vez de piedra había una cafetera vieja pinchada en un hierro, además de un buzón herrumbroso. No tuvimos ganas de ponernos a buscar piedra alguna. Las vistas sobre el pantano de Ordunte son magníficas, sobre la Peña de Mena y sobre todo Karrantza. De paso estuvimos comprobando las dificultades de la travesía desde el Zalama hasta el Kolitza, dado que este Ilso está como a mitad de camino, y creo que se nos acabaron las ganas de acometerla. Hay que ver lo que hace el paso del tiempo: yo la hice con el difunto Richar de una tirada y con una sola paradita y ahora resulta que me da miedo...








lunes, 9 de octubre de 2017

Desmantelamiento industrial

Hoy se cumplen 25 años de la marcha del Hierro. Miles de trabajadores de Altos Hornos de Bizkaia se quedaron sin trabajo y un puñado de ellos fue andando desde su factoría hasta Madrid para que no se cerrara la empresa. Todos creían que era viable pero la entrada en la unión europea se la llevó por delante por aquello de los lobys que presionaron. Era el emblema de la industria bizkaina. Por razones que tampoco se explicaron bien, Felipe González se cepilló el astillero Euskaduna. Las batallas de los obreros atrincherados en el astillero fueron épicas.  También se fueron cayendo, por no se sabe qué, otras empresas emblemáticas que, al parecer, seguían siendo productivas: Bavkoc&Wilcox, Mecánica La Peña, Edesa...Hoy en día los restos que quedan en Ortuella de aquella enorme factoría de la GE, tiene a sus trabajadores en huelga porque se la quieren llevar. 

El jueves pasado participé en una manifestación convocada en Barakaldo en favor de los obreros de La Naval, otro astillero histórico que acaba de entrar en un ERE. Según íbamos recorriendo las calles de mi pueblo entre pitidos, consignas, carteles y demás parafernalia de estas manifestaciones, me daba la impresión que estaba asistiendo a una liturgia funeraria. El mismo lema de la pancarta de cabeza, "La Naval ex itxi", estaba diciendo a las claras que en realidad se iba a cerrar. En este caso el problema está en razones de gestión y de financiación. Pero esa impresión iba más allá de que se cerrara un astillero. Con él se estaba terminando de completar un desmantelamiento inmisericorde de las grandes industrias que han sido la base del desarrollo de Bizkaia. A la vez se estaba enterrando un tipo de sindicalismo, que ha sido fundamental para la clase obrera, y un tipo de obreros que se han ido quedando inutilizados: unos en el paro y, los más afortunados, se han ido encontrando un apaño con prejubilaciones o indemnizaciones. 

Cada día me parece más expresivo el monumento de Ibarrola con sus chimeneas en la plaza Bide Onera o la estatua del macero en la Herriko Plaza. Son un intento de que no se olvide  lo que fuimos y, no sé si para bien o para mal, no volverán a ser las generaciones de nuestros hijos y nietos. Ahora la economía productiva, los empleos estables, los convenios, las condiciones dignas de trabajo... están al precio de las angulas, cuando no a punto de pasar del todo a la historia. A los de nuestras generaciones no nos queda más que esperar -muchos ya cumplimos con lo nuestro- que entre las ruinas de aquellos dinosaurios industriales sigan brotando nuevas formas de trabajo que merezcan la pena, no con la supuesta creación de empleo miseria que nos están vendiendo.

lunes, 2 de octubre de 2017

Volvemos a las andadas... o no se han ido nunca

La semana pasada María y yo fuimos al cine y optamos por la película Detroit. Al margen de valoraciones técnicas -actores, tiempo, guión- lo único que saqué en claro fue una enorme sensación de cabreo y de impotencia. La película trata de los graves disturbios que se dieron en Detroit en los años cincuenta, a causa del problema de la segregación de los ciudadanos negros, de la  impunidad de los agentes de gatillo ligero y de la hipocresía de una sociedad que miraba para otra parte sabiendo en realidad lo que sucedía. No sé si pesaba más el miedo a aparecer como defensores de los negros, o por no verse afectados en el problema o, sencillamente, por ser tan o más racistas que los implicados, aunque disimulándolo. Es verdad que la situación legal que amparó aquella barbarie y la de otros estados del sur ha cambiado mucho. Tan verdad como que el resentimiento racista vuelve a cada poco con la violación de los derechos jurídicos y humanos de jóvenes negros que siguen cayendo a balazos de los gatillos ligeros de hoy en día, provocando disturbios similares. 

Sin ir más lejos, después de la segunda guerra y de la caída del muro de Berlín con el final de guerra fría, no parecía previsible ni mucho menos el espectáculo actual del florecimiento del nacismo en diversas versiones: Dinamarca, Hungría, Francia, Grecia, Noruega y, para dar la nota, en Alemania han aparecido como tercera fuerza en el parlamento. Mi hija me ha recordado que así empezó Hitler.
Aquí puede que ingenuamente nos hayamos creído que el franquismo está muerto y enterrado, pero no nos faltan señales que nos advierten que no las tengamos tan felices, no vaya a ser que en el momento menos pensado nos crezcan los enanos también a nosotros. En este contexto la xenofobia -y un montón más de fobias- campan a sus anchas y seguimos enterrando desamparados en el Mediterráneo o sembrando campos con refugiados muertos en vida. A pesar de ello algunos tienen el morro o el cinismo de llevar la bandera de la democracia y de los derechos humanos.

Todos estábamos ya instalados en la que supuestamente acabaría siendo la patria común de todos los europeos. Mirábamos a los euroescépticos como a un reducto de transnochados, cuando en un momento Gran Bretaña da la espantada. Francia estuvo temblando y le regalaron la presidencia a Macron para no acabar fuera de Europa. Algunos gobiernos del este se pasan por el arco de triunfo la legalidad de la Unión. Están surgiendo los nacionalismos del miedo, de la autoafirmación y del enfrentamiento, patrocinados o encabezados por un descerebrado con los mayores poderes del mundo. 
Aparte de ellos, hay que tener en cuenta que las dictaduras más peligrosas no son las reconocidas como tales de toda la vida, sino las que están maquilladas como si fuesen democracias legales ¿Alguien puede aventurar lo que se nos puede venir encima con este panorama? No seré yo ciertamente.

Supongo que la situación mundial es lo suficientemente compleja -y lejana para mí- como para que no pueda tener elementos suficientes de juicio ni una visión completa del problema. Simplemente compruebo que parece -o preferimos que parezca- que los horrores y los errores del pasado han quedado borrados, pero aparecen de nuevo... o es que no se han ido y han seguido larvados hasta que algo o alguien les ha dado oxígeno para que vuelvan a rebrotar. Según parece, algo o alguien les está metiendo oxígeno en vena: a los hechos me remito.

jueves, 21 de septiembre de 2017

Días de monte 39

Este blog se está casi reduciendo a mis actividades montañeras. Resulta que, por una parte, me estoy dedicando a escribir relatos -igual me decido a colgarlos aquí- y lo que quiere ser una novela y eso me quita tiempo. Por otra, la actualidad está invadida por temas recurrentes, que acaban hartando por manidos, manipulados o desquiciantes, en los que no quiero entrar. 

El sábado 16 inauguramos nuestras salidas de los sábados Orencio, Juanjo y yo. Esta vez volvimos a Araba la sierra Badaia desde el valle de Kuartango. Juanjo estaba empeñado en conocer esta zona y por ahí comenzamos. El día nos salió mejor que por encargo, y eso que al salir amenazaba lluvia por aquí. Después de las abundantes lluvias y el frío de la semana pudimos andar tranquilos con sol con algunas nubes y con un vientecito del norte que rascaba bastante, pero que facilitaba la caminata.
Partimos de lo alto de Zuazo subiendo por una pista amplia y cómoda en diagonal progresiva hasta el tramo final, algo más empinado, que da acceso a la meseta superior a través del portillo de Azkarate, con su característica roca en forma de castillo. 

Arriba nos recibieron los gigantes eólicos con su típico zumbido, aunque había unos cuantos descansando. Terminamos la subida en el Otero, la cima más alta, desde donde estuvimos divisando Vitoria y sus alrededores. Luego, tras deambular por las diversas lomas, hicimos la parada para la manduca de obligado cumplimiento. Subimos al Pititurri, la cumbre más alta de las que asoman hacia Kuartango. Las vistas con un día así fueron de excepción como se puede ver en las fotos. Mira por dónde, antes de llegar a Izarra se puso a chispear, así que aprovechamos lo mejor del día. De paso dejamos ya programadas la siguientes salidas: Maza de Pando y Sierra de Arkamo, también desde Kuartango, que aparece en alguna de las fotos. A ver si hay suerte.