lunes, 31 de enero de 2011

31 de enero

Como todos los años por estas fechas tengo un recuerdo especial sobre la figura de D. Bosco que tanto ha marcado mi vida. He estado comentando a la hora del café con algunos profesores del CIP que en adelante tendríamos que establecer esta fecha como la fiesta del centro ya que somos de formación profesional reglada. Por mi parte, considero que debería ser mucho más patrono de este tipo de alumnos que del resto de la FP, por las dificultades y problemas que tienen. A raíz de esta conversación hemos estado comentando el caso de un alumno de nuestro centro que tiene un grave problema psíquico que condiciona totalmente no solo su comportamiento sino,sobre todo, su futuro. Más que el problema en sí lo que le hace más daño es su negativa a tomar medicaciones y a acudir a la consulta de terapeuta alguno. El tutor nos comentaba que el chico le había espetado con todo su desparpajo que "ni el juez, ni mi madre, ni la asistente social han conseguido que tome esa mierda, así que no te creas que tú me vas a convencer".No hacía falta ponerse así para que nos diéramos por enterados. Nos estaba tocando soportar las consecuencias de esa decisión día a día.


Ese caso nos ha llevado la conversación a recordar otros similares que han pasado por el centro y entre todos hemos ido recordando a dónde han ido a parar. El que nos ocupaba está en estos momentos en libertad vigilada. C ha acabado en Zumárraga en regimen cerrado. B sigue con problemas por el trapicheo, anda con un perro de esos de riesgo y sigue con los maltratos a su madre y a su hermana. A ha abandonado el hogar protegido que le habían asignado, anda viviendo a costa de una novia, pobrecita, y se ha metido a boxeador... Nos hemos acordado de otros más, pero nadie tenía noticias de ellos. Son casos que nos pueden indignar porque no hay quién le ponga el cascabel al gato, pero por otra parte su recuerdo nos puede estropear la digestión porque nos dejan un regusto triste y una sensación derrotista de impotencia que nos hace sentirnos inútiles.


¿Qué puede hacer que un adolescente arruine su vida y su porvenir teniendo la solución tan a mano? ¿Por qué no admite ninguna ayuda ni se pliega ante la autoridad? Es fácil empezar buscando disculpas etéreas: el sistema educativo no ha tenido recursos, la sanidad no quiere implicarse, los servicios sociales no tienen soluciones, las leyes del menor no está a la altura de las circustancias, se les permite hacer lo que quieren desde pequeños...Sin embargo, si analizamos detenidamente estos casos podemos ver dónde comienza a cocinarse el desastre y, por ende, en qué momentos y con qué recursos conviene intervenir para que no sea tarde. Por ejemplo, C se había criado con una abuela, que cuando él tenía 15 años ella pasaba de los 80, porque su madre desapareció un buen día sin dejar rastro y su padre se fue a trabajar fuera y, con un poco de suerte, le mandaba dinero porque pasaba hasta de verle. A es hijo de un padre maltratador y ausente por efectos etílicos y de una madre límite sin recursos que se ha tragado los desprecios de todos los de su familia. G otro que no sabíamos dónde está ahora, pero que también ha tenido períodos de internamiento, es hijo de una madre soltera que después de salir de Proyecto Hombre reclamó la tutoría de su hijo por desaveniencias con los abuelos que se le habían criado. No hizo caso a sus padres, ni a los profesionales de Diputación, ni a los tutores escolares, ni a sus terapeutas... El padre de B le hizo dos hijos a su mujer y desapareció. Su madre no sabe cómo quitarse los hijos de encima para hacer su vida y ha tenido que acabar acusando a su hijo por pegarla.



Al llegar a aquí surgen de nuevo preguntas similares solamente que referidas a una generación anterior. ¿Qué ha hecho que una madre no tenga arraigado el cariño al hijo y sea capaz de abandonarlo, que un hombre se consuma en el alcohol y destruya una familia, que una mujer soporte desprecios y maltratos, que el despecho haga que alguien use a los hijos para vengarse? ¿Qué experiencias vivieron y por qué resulta ahora casi imposible que aprovechen los recursos y las ayudas que se les ofrecen? También es probable que pudiéramos hacer las mismas preguntas en la generación previa que se escapa de nuestros datos. Esto nos hace suponer que estos chicos son el producto actual de una cadena de desastres humanos. Llegando a este punto, la pregunta clave es si van a ser el último eslabón o si tendremos que esperar a la generación siguiente con la que será aún más difícil intervenir.



Toda esta reflexión, como he dicho al comenzar, ha venido al rebufo de la figura de D. Bosco. Su programa pedagógico comenzaba siempre por la prevención y porque los jóvenes sintieran, ante todo, el cariño o la preocupación por ellos. Sin éstos nunca aceptarían las ayudas, las enseñanzas, los reproches o los consejos que se les pudiere ofrecer. Claro que con lo que están pasando ahora estos chicos y chicas, nos pueden escupir a la cara las ayudas, los consejos y todos los cariños que se les pongan por delante. Si D. Bosco volviese a la tierra y tuviera que empezar su obra de nuevo, creo yo que le iba a costar más aplicar su famosa prevención con estos elementos que con los virichini que recogía por las calles de Turín. De todos modos, me gustaría proponer para él el patronazgo de todos los servicios de prevención y de la prevención en todos los servicios.

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