viernes, 13 de diciembre de 2013

A veces la historia es despiadada

Tuve que pasarme varias tardes cociéndome a zuritos con el buen señor. En aquel momento tenía trabajo estable en la construcción porque estaba bien considerado como trabajador. Lo de su familia era otra historia. Vivía de la obra a la tasca y había dejado a la mujer, buena como ella sola pero con bastantes límites, sola con los hijos en una casa sin orden ni concierto de la que fueron saliendo por peteneras cada uno con una historia de lo más preocupante. El mediano acabó en un hogar de acogida en el que duró un telediario y comenzó a meterse en unos líos de cuidado, entre otros dejando embarazada a la novia con 16 años. Como ya le conocíamos, le propusimos trabajar en un proyecto de empleo protegido para jóvenes con problemas. Yo vi que en el fondo era un tipo legal, solo que había estado desorientado y sin referencia y que, por encima de todo, se estaba tomando muy en serio formar una familia. Claro que lo que le estábamos ofreciendo no daba para muchas alegrías. Así que allí estaba yo dándole la murga al padre e intentando convencerle de que su hijo no era un calavera y un inútil y que lo enchufase en la obra para darle una oportunidad. Al mes nuestro chico estaba al pie del cañón y no le ha faltado trabajo, hasta el presente en que ha sufrido como otros tantos la caída de la construcción. Han tenido más hijos y han sacado la familia adelante con el trabajo de los dos.

Me saludó hace poco y, como hacía mucho que no nos veíamos, nos hicimos las preguntas de rigor, la mujer, el trabajo, los hijos... Y ahí saltó como un resorte hablándome de uno de sus hijos. Lo que pudo ser un hola y adiós se convirtió en un monólogo de media hora plantados en la calle. Le hervía la sangre y la rabia le salía por los ojos. Sabía de sobra que yo conocía  a su hijo de siempre. Cuando llegó a la adolescencia comenzó a patinar en los estudios. Por aquel entonces apareció como alumno nuevo en las listas de absentistas de un instituto. Lo detecté inmediatamente por los apellidos y me extrañó verle allí pues antes estaba en un concertado. De absentista pasó casi a desparecer del centro, una vez que los orientadores le propusieron hacer un CIP. De vez en cuando me ponía en contacto con el tutor del taller y los informes siempre fueron positivos en lo que se refería al trabajo. Pasó bien las prácticas y consiguió algún contrato de su especialidad, y ahí le perdí la pista pensando que ya estaba encauzado.


De eso nada, según me estaba contando su padre, perdió empleos por falta de formalidad y en alguna temporada estuvo trabajando con él en la construcción, repitiendo la historia. Pero parece que ha echado todo a perder porque se ha ido metiendo en el mundillo de los consumos y, para completar bien la jugada, se ha echado una pareja que está metida en el manejo de esos chanchullos. Total que nuestro hombre está descorazonado porque siente que su hijo se está perdiendo sin remisión y con el miedo en el cuerpo de que el ejemplo cunda en alguno de sus hermanos. Por más que lo ha intentado, no ha sido capaz de convencerle de que vuelva a la casa familiar y a cambiar su vida. Ciertamente no se trata de una empresa difícil, más bien está rayando en lo imposible. El chaval ya se ha habituado a vivir del trapicheo, al consumo, tiene otro sitio donde vivir y todo ello está reforzado, o más bien blindado, por la relación de pareja. Esta gente vive en un mundo paralelo que es como una galaxia autónoma que solamente se conecta con el mundo real para conseguir dinero.

Yo también me he quedado descorazonado después de este encuentro. Resulta cruel para un hombre que ha sabido y que ha tenido el valor de aprovechar las oportunidades para rehacer su vida y llegar a formar su propia familia, contemplar impotente cómo uno de sus hijos ha desperdiciado oportunidades mejores que las que él tuvo y se ha lanzado en una cuesta abajo casi imposible de frenar. He sentido muy de cerca su dolor y mi natural me impulsa a querer arreglarlo enseguida, pero a esta alturas de mi historia ya no puedo pecar de iluso. Sé de sobra que eso está casi en la esfera del milagro: que rompa con su ambiente por algún motivo, que sea capaz de volver al ámbito familiar, que encuentre algún trabajillo... Solo me queda estar más cercano y mantenerme al tanto por si salta alguna oportunidad de tirar de algún hilo. De peores hemos salido, pero aquí para mi amigo y para su hijo el tiempo también juega en su contra, aunque no quede mucho más que esperar.


lunes, 9 de diciembre de 2013

Los hay para todo

Ven, siéntate campeón. No te lo puedes creer, me han dejado con 800 € de pensión por 10 años trabajados. Bueno en realidad puede que sean más años pero igual no figuran como trabajados. Es que yo me iba cuando se me ponía en los cojones y no le hacía caso al encargado. Creo que he trabajado más años pero me dicen que han sido 10 y no me queda otra, tú me contarás qué puedo hacer con 800 €. Hubo una temporada que estuve de barrendero y me tiraba igual dos horas barriendo y el resto de tasca en tasca, que los den por... 

Me acababa de sentar en el metro, que a esas horas iba bastante vacío, y ése fue el recibimiento del compañero de asiento. Por más que le miraba no era capaz de reconocer a ese tipo, era la primera vez que le veía en mi vida. Por las miradas de soslayo que nos prodigaban algunas señoras de los asientos contiguos me imaginé que no era el primer interlocutor que recibía tan alarmante información. Era un varón de complexión fuerte, que podría ser más bien menos que más de mi edad y de mi estatura. El brillo de su atuendo no era precisamente a causa de la limpieza. Eso sí con la disculpa de que me lo decía a mí parecía , por su tono de voz, que se lo estaba contando a todo el vagón. Lo de hacerme preguntas era pura retórica porque no me dejó meter baza.

Tengo mucha fe en la Real Sociedad. He apostado 100 a que hoy mete dos goles. Creo que no me va a fallar, estoy seguro. No importa que le metan algún gol, que es posible, pero van a ser dos. Yo apuesto mucho, sabes? Siempre se gana algo. Bueno con el Gatasaray he perdido ya 100 pero estoy seguro de que que con estos otros internacionales voy a suplirlos, sin contar con los de la Real. Mira, mira.

A todo esto se puso de pie. Ingenuo de mí, creía que se iba a bajar porque habíamos llegado a una estación. Se levantó el faldón de su chambergo, echó mano a su bolsillo derecho y me plantó delante de mis narices un fajo de apuestas. A primera vista pude contar al menos 12. De inmediato sacó 4 o 5 del izquierdo.Estos ya los he perdido, así que ahora voy a poner también en este montón el del Galatasaray. Pero ya verás el pastón que voy a sacar. 

¿Cómo es que llevas billete de metro? - Casualidad, ese día había olvidado mi barik en casa- Cuesta por lo menos 1,60, no? Yo tengo la tarjeta de pensionista y me cuesta 0,31 el metro y 0,55 el bus. Voy y vengo de Barakaldo a Bilbao varias veces al día porque hago unas actividades, así que vengo a salir a 40 € mensuales más o menos, es una burrada al año, fíjate que hay veces que le tengo que decir a la tutora que me dé para el metro que no me llega, pero no me corto.

Acabáramos. Ya estaba yo calculando que con esa edad, con tan pocos años trabajados y con semejante tiro había algo más que un trago de más, y la cita a la tutora me lo dejó claro. Le dejé echando cálculos sobre las papeletas de apuestas y me bajé en mi estación tras despedirme de él, aunque absorto en lo suyo ni me contestó. Muchos harían unas buenas risas a costa de la pedrada de este sujeto. Las caras que veía alrededor eran de ponerle a caldo de perejil por lo insensato y lo pesado que se había puesto, y no faltarán los que comenten en las tertulias esta anécdota como ejemplo de cómo se despilfarra el dinero público dándoselo a gente como ésta que se lo gasta en apuestas y tascas y vaya usted a saber en qué más... 

Sin embargo creo que él no necesita nada de esto. A mí se me ocurrieron bastantes preguntas de otra índole como, por ejemplo, por qué tuvo que trabajar de barrendero, si tuvo oportunidades de tener una formación, si vivió en una familia o en un hospicio, si ha estado bien atendido en caso de sufrir alguna enfermedad mental, qué tal le va con la tutora y por qué la  tiene, si no se da cuenta del peligro de la adición a las apuestas... Ante todo y por encima de lo absurdo de su comportamiento es un ser humano que merece tanto o más respeto que los demás porque está en una clara situación de desventaja. Me fui como quien se libra de un pesado, pero lo sigo recordando con pena, claro que un viaje de cuatro estaciones de metro no era el sitio más adecuado para poder prestarle la atención que estaba reclamando a voces.

lunes, 25 de noviembre de 2013

El peligro de las conductas machistas

Según un estudio que se acaba de publicar en el País Vasco, parece ser que entre los adolescentes están aumentando los casos de machismo en las relaciones de pareja. Los medios de comunicación y sus comentaristas no comprenden cómo estos comportamientos se pueden seguir reproduciendo en una población que ha crecido en un ambiento marcado por el lenguaje y los mensajes de igualdad provenientes de todos los ámbitos: escolar, institucional, publicidad, televisivo... Según he podido ver en algún noticiero, los políticos bienpensantes de turno ya se han adelantado a declarar que en este tema la educación es fundamental. Espero que esto no signifique que van a poner una asignatura más en el currículo escolar o que sigan bombardeando los institutos con campañas publicitarias, porque el concepto educación tiene muchas acepciones.



Creo que está más que de sobra demostrado que todas las campañas en plan publicitario en televisiones y todas las monsergas, por muy bien disfrazadas que estén, que se echen a los adolescentes en los centros escolares, no sirven absolutamente de nada. Es verdad que las actitudes y los comportamientos machistas de los que se habla son peligrosos, porque más o menos insensiblemente pueden comenzar como un juego entre adolescentes y acabar en tragedias de mayores. Pero estas actitudes no se aprenden en ninguna parte, se aprehenden, que es distinto, en el ambiente. Se reciben por transmisión inconsciente: primero lo que se percibe en la familia y, además, la competitividad o las presiones en el grupo de iguales, las redes sociales, la información al segundo de los nuevos móviles... Es lo mismo que si quisiéramos atacar un virus con antibióticos destinados a contrarrestar bacterias. Los mensajes verbales no pueden llegar contrarrestar algo que se va generando en el fondo de la personalidad por vía de otros canales de comunicación.

Otro aspecto importante del problema es que las actitudes machistas no son unidireccionales. Es curioso el testimonio de muchas chicas que señalan a compañeras que se dejan dominar por sus parejas -y eso que no han hecho más que comenzar su relación- e incluso parece que les gusta. Las preguntas que se tienen que hacer son las mismas: qué han vivido en casa, qué carencias personales tienen,  qué estímulos están teniendo en sus centros escolares, que falta de control o de apoyo de su vidas hay por parte de sus tutores... En los años en que he estado de responsable del PCPI han pasado por sus talleres bastantes chicas con ese problema. La mayor parte de ellas eran de las que arrastraban un  fracaso escolar más que notable y no pocas han quedado embarazadas estando aún escolarizadas.

La información sola no educa aunque sea un principio imprescindible, hace falta la implicación de los adultos que en esta sociedad y en gran parte de las familias parece que se ha tomado la deriva de la permisividad porque si no fíjate cómo se ponen, cualquiera les dice nada o cómo todos lo hacen ahora... Ese es el fracaso en la educación más difícil de solucionar y el que más secuelas negativas está acarreando.

domingo, 24 de noviembre de 2013

El granado

Ese árbol que se ve en la foto es un granado. A mí particularmente no me hacen mucha gracia las granadas, a María sí que le gustan. Por eso se fijó en él y le sacó esta foto. Pero en lo que sí coincidíamos los dos era en admirar dónde había sido capaz de crecer. De siempre me ha llamado la atención en mis paseos montañeros esos pinos o acebos que parecen salir de la misma roca y que están perdidos en medio de un roquedo o de algún paredón. Para mí son el símbolo de que la vida es posible en las condiciones más impensables. 

En esta ocasión mi sorpresa fue mayor al comprobar que el héroe de la supervivencia era un frutal que estaba dando frutos, nada menos que en el paredón vertical del barranco formado por la cascada de la Cola de Caballo del Monasterio de PiedraNo pude evitar, por otra parte, un sentimiento de pena pensando que su fruto no estaba al alcance de nadie, por lo que iba a quedarse sin el reconocimiento, más que merecido, de sus propiedades. Además iba a tener pocas o ninguna probabilidades de reproducirse porque sus frutos iban a caer en roca o en las aguas del barranco. 

Este granado increíble me ha hecho traer a la mente a ese tipo de grandes personas que son héroes anónimos, gente formidable, pero que son desconocidos. Puede que sean de esos profetas que no son reconocidos en su propia tierra e, incluso, en su familia. O simplemente, ese tipo de personas que han hecho su trabajo de una forma exquisita, o que han quemado su vida para sacar adelante una familia de la nada, o que han posibilitado que otras personas pudiesen comenzar a vivir dignamente sin esperar el agradecimiento de nadie... y suma y sigue. 

Nos tienen acostumbrados a reconocer las acciones de relumbrón de las grandes figuras del cine, del deporte, de las finanzas o de las iglesias, pero esas no son gratuitas. Llevan consigo otras intenciones ocultas, pero no menos importantes: publicitarse, mejorar su imagen, vender un producto... Es deplorable que se pierda de vista valores tan auténticos como los de esas personas anónimas que no salen en la tele, ni se hacen los importantes en su ambiente social. Son, sin embargo, los mejores referentes a seguir para las nuevas generaciones. Pero me duele profundamente comprobar en el día a día que la semilla de su ejemplo se la lleven, como a las del granado, las aguas turbulentas, en este caso, del bullicio social y del bombardeo de mensajes de las redes sociales.

miércoles, 13 de noviembre de 2013

El niño invisible (2)

Hoy he salido ha hacer unas compras y me he dado de frente con Q en un paso de peatones. Hace 4 años escribí una entrada dedicada a él y, tal como se puede suponer, su situación no ha variado de contexto. Ha crecido pero sigue flaco hasta decir basta, y nadie diría al verle que ya tiene 20 años. Le he visto menos descuidado que en ocasiones anteriores y también menos aventado, aunque por lo que he podido comprobar, razones no le faltarían para estarlo. Le pregunto que a dónde va tan decidido y me cuenta que tiene a su madre en el hospital. Por lo que me dice deduzco que ésta sigue viviendo en su desastre particular y sigue con sus consumos. 

Me ha comentado que ahora ha vuelto a vivir con su tía de siempre porque su hermana mayor le ha echado de casa. No me extraña porque conociéndola sé que cambia de humor a la mínima y puede armar una gorda sin que le haga falta ningún motivo. No entiendo qué hacía viviendo con ella y me cuenta su último periplo de casas. Cuando su madre regresó del pueblo estuvo viviendo con ella y con su nueva pareja en la casa de éste. No ha durado mucho en ella porque ese tipo le falta al respeto a mi madre, y si ella se deja es cosa suya, pero delante de mí no lo permito. O sea que el señor le puso de patitas en la calle de la misma. Donde mejor iba a estar era en casa de su hermana mediana, pero ésta no da para más. Trabaja y tiene a su cargo a su hijo y al último de sus hermanos. Al parecer, una vez más, le habían retirado la tutela del crío a la madre y ella lo había acogido. Así que acabó en casa de su hermana mayor que es un desastre con patas.

Hemos estado recordando que conseguí que le admitieran en un CIP para que aprovechara el tiempo, ya que en el instituto no pintaba nada. Me contesta que no lo terminó porque se tuvo que marchar al pueblo con su madre. Solamente había conseguido aprobar en ese tiempo los dos primeros cursos de ESO. Ahora me dice que quiere volver a la EPA y que necesita estudiar, cosa que antes no quería porque lo que le interesaba era ganar algo de dinero. Me lo dice como quien reconoce que yo ya se lo había repetido un millón de veces. De paso le insisto para que lo haga de verdad porque es la única manera de acceder a un oficio. Para colmo me suelta, por si fuera poco, que ha perdido el libro de escolaridad y que no sabe dónde le pueden certificar lo que ha aprobado. También ha estado preguntando en Lanbide y no encuentra ningún curso formativo.

 ¿Qué puede hacer este chaval con este panorama y apoyos puede esperar? Con tanto cambio de domicilio no puede tener una atención continuada por parte de los servicios sociales, al ser mayor de edad ya no cuentan con él en el servicio de menores, supongo que tampoco tendrá derecho a la renta de inserción... Por si fuera poco, todos los que hemos tratado con él somos conscientes de su grave deterioro psíquico, pero éste no está reconocido ni etiquetado, por lo que tampoco podrá recibir ayuda por ello. Ese problema será desgraciadamente su carta de presentación que le seguirá produciendo rechazos. Ahora cuenta con la casa de su tía que no deja de ser un refugio donde, al menos, puede dormir, pero poco más y a saber cuánto le dura. Me ha resultado sarcástico que esté pendiente de seguir con su madre en el hospital, como quien se siente responsable de ella, cuando ésta no le ha hecho caso en toda su vida y lo ha ido dejando vendido a su suerte.

Nos despedimos efusivamente y me quedo con el corazón encogido. Le he dado ánimos pero tengo la impresión de que solo he hecho un brindis al sol, porque en cuanto doble la esquina ya no se va a acordar de lo hablado y tampoco le he podido aportar nada concreto, más allá de que se haya desahogado conmigo. Lo dicho, sigue siendo invisible o, peor aún, una patata caliente que va de mano en mano y que nadie quiere coger, hasta que en una de éstas caiga al suelo y se destroce. Según se iba me he quedado mirándole y por su forma de andar, por la expresión de su cara he tenido la sensación de que es un candidato a acabar viviendo en la calle de albergue en albergue. Espero equivocarme.


martes, 5 de noviembre de 2013

Hay suicidios y s u i c i d i o s ...

Saúl -por llamarle de alguna manera- es un chaval de 19 años, pero si le ves te lo tienen que repetir varias veces porque no te lo crees. Es excesivamente delgado además de no levantar más allá del 1,60. Tiene una cara aniñada y va ordinariamente desaliñado. Sus ojos, grandes y redondos pero inexpresivos, transmiten una mirada fría de desconfianza. A pesar de su aspecto menudo es capaz de montar unos líos espectaculares. Conocí a Saúl cuando estaba cursando primero de ESO. La educadora de su instituto me llamó la atención sobre él porque, sin mediar aviso, comenzó a tener unas actitudes extrañas, ausencias a clase poco o mal justificadas y llevaba ya, a poco de empezar el curso, un buen carro de pencos. Resultaba imposible establecer la más mínima conversación con él y se escurría como una anguila. En el curso siguiente tuvo que repetir primero y para ello se cambió inesperadamente de instituto. Aquí es donde comenzó a faltar sistemáticamente a clase. Se le ofertaron recursos especiales de apoyo escolar pero no quiso saber nada. A todo esto la familia no daba señales de vida. Más tarde me enteré de que fue a raíz de la separación de los padres cuando comenzó a tener las conductas disruptivas. De todos modos ya antes había sido un niño transparente para la familia porque con los líos de los mayores nadie le hacía caso. Sin embargo tuvo que hacerse cargo de su hermano pequeño en numerosas ocasiones, lo que colaboró también a acrecentar su absentismo escolar.

Aplicando el protocolo de absentismo les citamos en el Ayuntamiento. Se presentó la madre con el chaval. Nos quedamos asombrados por la frialdad de ésta. Estuvo mirándole a distancia como quien tiene que estar allí porque sí, como si aquello no fuera con ella. De todos modos, le sugerimos a la madre que pidiera ayuda a los servicios sociales, tanto para apoyarle a ella en su situación de familia monoparental, como para atender los problemas que Saúl manifestaba. No nos hizo caso ni a nosotros ni a las llamadas de la educadora correspondiente.  La entrada en la adolescencia de Saúl fue tremenda,  llegando a generar conductas agresivas tanto en el instituto como en su casa. El fracaso escolar estaban cantado y no puso el mínimo interés en evitarlo. Acabó en un PCPI en el que tuvo que ser expulsado en no pocas ocasiones. Le dieron varias oportunidades para que no se quedara sin título, pero su respuesta fue participar en algún robo y en la extorsión de la marcha de su grupo. A menudo se presentaba fumado o colocado, por lo que no podía estar en un taller con herramientas que resultaban peligrosas en ese estado. Lógicamente todo esto lo hizo en comandita con otros compañeros de viaje, que en ese momento se encuentran bajo medidas judiciales.

A todo esto, la madre ya había establecido relación con otra pareja, lo que acrecentó el despecho del chaval y su violencia. Es entonces cuando la madre se presenta en el centro y en los servicios sociales para pedir auxilio y atención urgente. Pero a estas alturas todas las medidas que pusieron a su disposición fueron inútiles. Saúl las rechazó todas. La ocurrencia siguiente fue decidir que el chaval se tenía que ir con el padre porque resultaba peligrosa su estancia en la familia. Pero el padre no tardó en dovolver la patata colienta por donde había venido. Sé que ha estado ingresado en urgencias en un estado de anemia galopante y que sigue metiéndose de todo lo que pilla porque seguía con la cuadrilla de antes y es fácil que acabe como ellos. Ultimamente le he perdido la pista pero prefiero no tener noticias de él, porque seguramente no serán muy alagüeñas.

A lo largo de los últimos años de mi vida laboral se me han ido ocurriendo dichos, a modo de sentencias, fruto en su mayoría de la mala leche que se le pone a uno después de darse de cabeza contra el muro de la impotencia o de la desidia en casos como éste. "La falta de afecto es igual que la mala alimentación: no deja crecer". Hoy traigo aquí este ejemplo que me llena de pena y de rabia al mismo tiempo. Saúl es una víctima del agujero negro más peligroso que he encontrado: el haber crecido sin sentir afecto ni atención, sobre todo provenientes de los progenitores. Acaba siendo un activo peligrosísimo que se traga a la persona y que conduce a los menores al deterioro  psicológico, físico y social e incluso a la autodestrucción y, por qué no decirlo, al suicidio, aunque éste se vaya haciendo a cámara lenta y dure casi toda una vida. 

domingo, 27 de octubre de 2013

Días de monte 10

El sábado 19 de octubre reinaguramos los paseos montañeros. Nuestra intención fue hacer una mañanera suave por aquello de calentar motores. Escogimos un monte desconocido para los dos pero en una zona familiar para nosotros: el Beratza, que también lo dicen el S. Pedro, de 711ms. Al pie del puerto de La Barrerilla sale una pequeña desviación al barrio de Alora, que pertenece a Amurrio. Seguimos las indicaciones que había sacado Juanjo de internet y las fuimos siguiendo al pie de la letra, hasta que nos vimos atrapados en medio de unas pistas de tala de pinares que no llevan a ninguna parte. Intentamos reinterpretarlas de nuevo y volvimos a las andadas.

A todo esto llevábamos dos horas, cuando contábamos que la ascensión nos llevaría al rededor de una hora. Con el cabreo en el cuerpo decidimos volvernos atrás y fue entonces cuando comprobamos nuestro error, porque habíamos pasado de largo una desviación que era la buena y cogimos otra unos metros atrás que coincidía con algunas de las señales que llevábamos: una campa al lado, una alambrada... Pero ya no estábamos de humor para hacer el camino de nuevo. Así que tomamos la decisión de coger el coche y subir el puerto. Desde allí en media hora estábamos en la cumbre sin grandes dificultades. En fin nos sacamos la espinita llegando a la cima y gozando de los panoramas. Tal como nos dijeron, desde la cumbre se ven Orduña y Amurrio, además de un amplio panorama de la sierra Salvada. Ya en el coche decidimos que en próximas salidas vamos a ir a sitios mejor indicados y más concurridos.

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jueves, 17 de octubre de 2013

Investigaciones universitarias versus sentido común

He escuchado por la radio que unos eminentes investigadores de una prestigiosa universidad han llegado a la transcendente conclusión que la irregularidad en el sueño de los niños puede alterar la normalidad de su vida y ser un grave impedimento en el desarrollo de su personalidad. Claro, en esto resulta determinante el abuso o el mal uso de los supermóviles y de las adicciones a internet. Es curioso que uno lleve media vida de educador trabajando este tema y que tenga que salir a los medios de comunicación, por aquello de la credibilidad que otorga a un informe el nivel de prestigio de la universidad correspondiente. Es de sentido común que la alteración del sueño altera la marcha normal de nuestra vida. No descubrimos el Mediterráneo si concluimos que la alteración y la falta de rutina del sueño en los niños puede influir negativamente en el desarrollo físico y de la personalidad del menor. Es de elemental pedagogía saber que el niño para su seguridad necesita rutinas en su vida diaria y el que se acostumbre a un horario fijo para dormir es tan importante como el que tenga las horas suficientes de sueño. Y, por supuesto, sin esa seguridad que le aportan las rutinas no podrá desarrollar  en el futuro una personalidad autónoma.

En la casi totalidad de los casos que tuvimos en el hogar de acogida, una de las rutinas que más nos costaba trabajar era la de normalizar el sueño, sobre todo en aquellos menores hiperactivos o los que ya habían desarrollado conductas disruptivas o asociales. Sabíamos de sobra que, cuando los chicos volvían alterados de pasar el fin de semana con sus familiares, la primera noche iba a ser torera para conseguir que se durmieran, aunque mantuviésemos inalterable la hora de acostarse. Recuerdo que uno de sus deportes favoritos era salir de la habitación y juntarse con otros y hacer de las suyas, aprovechando que el educador de turno estuviera ya dormido u ocupado en otras funciones. Hubo una temporada que me tuve que plantar hasta tarde en la mitad del pasillo leyendo para que se acabaran los jueguecitos y no me retiraba hasta que les veía a todos y todas dormidos. Lo tuve que hacer hasta que dieron por sentado que, en las noches que me tocaba  guardia, yo iba a estar al tanto.

En estos últimos años en los que he estado trabajando sobre el problema del absentismo y la asistencia irregular en la enseñanza, la falta de control o de organización del sueño en los menores por parte de los padres o tutores ha sido uno de los problemas que con más frecuencia nos hemos encontrado y que han sido más difíciles de solucionar. Como es fácil de comprender, la superabundancia de tabletas, móviles, juegos en internet, televisores en las habitaciones... resultan ser un factor determinante a la hora de controlar el sueño. Ante todo poseen una gran capacidad de generar adicción y están consiguiendo que la vida social de los adolescentes se prologue casi durante toda la noche, aunque estén en su cama y con la luz apagada. Tampoco faltan familias que no le dan importancia a la rutina del sueño de los pequeños y ven de lo más normal que sigan los ritmos de los adultos. Hemos podido comprobar que todas estas situaciones, además de estar muy unidas al fracaso y a la desafección escolar, van parejas a otra serie de problemáticas familiares de mayor calado. De ahí que en nuestro trabajo hemos dado mucha importancia al detectar la falta de sueño en la escuela, como uno de los indicadores de riesgo más llamativos.

miércoles, 9 de octubre de 2013

La necedad y la ambigüedad de los macroinformes

Resulta que en España estamos a la cola en cuestión de matemáticas y de comprensión lectora. O sea, que en matemáticas somos unos zotes y que no entendemos lo que leemos, si es que leemos algo. Desde Europa han llegado a esta tremenda conclusión después de haber aplicado el sesudo examen del PIAS a los adultos -El PIAS es un prueba de competencias que se pasa a los alumnos para determinar la calidad de los conocimientos adquiridos en su currículo escolar-. Lo que me ha dejado del todo perplejo es enterarme que en el concepto de adulto entra la población desde los 16 a los 65 años. O sea, que han metido en el mismo saco a los que acaban de terminar la ESO y a los que, como yo, comenzamos a estudiar con el pizarrín y a cantar las tablas de multiplicar, pasando por los inúmeros planes de estudios y de las mejoras de los mismos ¿Me puede decir alguien qué conclusiones se pueden sacar de tamaña mezcolanza y qué credibilidad se le puede dar? Pues bien, el señor Wert sí ha sacado una rápidamente, mejor dos de una misma atacada. La culpa la tiene el plan anterior de los socialistas y la solución está en su plan que se nos va a imponer por absolutismo parlamentario, mal que nos pese, para redimir a España de la incompetencia. No entiendo cómo la clase política se puede cegar tanto en el corto plazo y es incapaz de resistirse a la tentación de utilizar lo primero que pilla para atacar a los contrarios, sin llegar a calibrar el ridículo en el que puedan incurrir.

Vamos a hacer un poquito de historia. Las personas de mi generación, y de algunas más jóvenes, de Barakaldo y de poblaciones enteras de carácter obrero y rural que hemos cursados estudios universitarios somos un puñadito de privilegiados que  no suponemos ni el 10%. O eran los hijos de algún enchufado del régimen, de algún comerciante o directivo con cierto nivel económico o se dejaron reclutar en algún seminario de frailes. Pasaron la reválida del cuarto del bachillerato de entonces otro puñado. La inmensa mayoría mal terminaban la escuela y o iban a aprender algún oficio o, directamente, con las cuatro reglas y sabiendo firmar y poco más, se les ponía a trabajar en el taller de alguien familiar o conocido, en la obra donde curraba su padre, en las tareas del campo... que a fuerza de estar en ello se aprende. Ya me dirán qué PISA pueden superar esas generaciones, aunque hayan sido uno de los motores del sustento familiar y de desarrollo del país por su profesionalidad y dedicación al trabajo. Ya sé que para muchos de ellos con leer los titulares de los periódicos ya han cubierto su cuota lectora, pero me pregunto si se les puede exigir algo más a estas alturas. Se les llama analfabetos que dejan mal a España y se acabó, me parece totalmente injusto.

Los señores del PP, y no solo el impresentable ministro de educación, a la hora de liarse al "y tú más" con los de las bancadas de en frente, deberán recordar lo que provocaron en la época de la "España va bien" del señor Aznar y compañía ¿Cuántos jóvenes abandonaron los estudios sin ni siquiera tener el graduado escolar de primaria para trabajar en la construcción o en la hostelería en las zonas turísticas? ¿Cuántos de ellos están ahora viviendo de las pensiones de sus padres? Al reventar la burbuja inmobiliaria era muy fácil lamentarse de que había una gran cantidad de trabajadores, aún jóvenes, cuya capacitación para reciclarse era sumamente escasa. Se les ha echado la culpa a ellos y, como dijo la senadora "que se jodan!" Ahora además son el vituperio nacional porque no tienen competencias matemática y lectora y nos dejan mal al resto de españoles. Aún así en esas generaciones que crecieron con la democracia, el acceso a las universidades y los títulos de bachiller aumentaron considerablemente por las facilidades y los apoyos que han ido teniendo las clases medias y las familias obreras estables para poder abordar los estudios de la prole. Que me digan entonces cuáles tendrían que ser los datos en estas fajas de población.

Quedaría luego analizar el dislate producido por el cachondeo político de que cada gobierno pone su plan para que el que venga detrás lo quite, o que cada comunidad autónoma campe a sus anchas sin garantizar unas bases comunes. A todo esto, llegamos a las generaciones actuales de las tabletas, los móviles de ultimísima generación, las plays de juegos... que se encuentran en una esquizofrenia vital muy curiosa. En su vida social y personal solamente saben funcionar con esos mecanismos digitales y, entre tanto, la escuela y la enseñanza en general sigue tirando de papel y boli, quitando honrosas excepciones que se lanzan a la escuela 2.0 en plan puntero. Habría que explicar cómo influye este factor en el aprendizaje y en la adquisición de competencias y si se está dando los pasos suficientes para adecuar el aprendizaje o el fomento de la lectura al momento vital de los jóvenes. 

Y ya solamente me queda llamar la atención sobre la desvergüenza que se está viviendo en los momentos actuales: recortes de profesorado, de materiales escolares, de refuerzos para los grupos con dificultades, de recursos pedagógicos, pérdidas de becas... Y los mismos que han estado haciendo este estropicio, ahora van a elevarlo a categoría de ley. Lo más indignante es que nos digan que su ley, con sus correspondiente mediadas "correctoras", es la que va a arreglar todos estos problemas de incompetencias, porque está pensada para conseguir la excelencia en los resultados educativos. Hace falta valor... y cinismo.


domingo, 6 de octubre de 2013

Jóvenes y violencia

Está a la orden del día el ver u oír en los medios de información y en los comentarios de la calle quejas, hechos más o menos escandalosos y hasta estadísticas sobre los comportamientos violentos de los menores. Creo que antes de preocuparnos de esto habría que empezar por otro tipo de comportamientos previos que se van tolerando inconscientemente, más dejación que por ignorancia, creo yo. No hace falta ser ningún entendido para observar que en las relaciones entre iguales de los y las menores se hace sentir una dosis considerable de agresividad que cada día parece ir en aumento. También comienza a es normal ver cómo unos mocosos se plantan ante sus padres y les dan auténticas órdenes, a parte de las rabietas típicas de los pequeños. Y esto no acaba ahí, se está llegando al extremo de que ya hay programas terapéuticos para las familias de los y las adolescentes que agreden a sus padres, lo que indica a las claras que debajo de esos casos declarados existen muchos más que por diversas razones se prefiere mantener ocultos. La carnaza que varios canales de televisión se han encargado de echar al público a raíz  de estos temas solo ha servido para el aumento de su cuota de audiencia a base de airear las miserias de personas y familias a las que han podido terminar de destrozar sus vidas. Por lo demás,  no entiendo cómo pretenden hacernos creer que son válidas esa soluciones mágicas que de la noche a la mañana consiguen unos superprofesionales que lo saben todo .

Me he encontrado, al respecto, con un artículo de Leonardo Boff que da luz ante los porqués de esta violencia que se refleja en los menores pero que anida en toda la sociedad, desde la familia hasta en las altas instancias sociales. Creo que da en el clavo cuando señala que uno de los factores que más está influyendo en este problema de la violencia es lo que llama el "eclipse de la figura del padre", apoyándose en las aportaciones del psicoanálisis. La figura del padre implica algo más que la presencia física del padre en la convivencia familiar. Es esa función imprescindible para el ser humano que marca las normas, señala los límites y, sobre todo, aporta la seguridad que necesitamos hasta conseguir nuestra autonomía. Hoy ya nos está tocando vivir una nueva sociedad de familias divorciadas, separadas, monoparentales, recompuestas... Está claro que en estas situaciones esta figura puede quedar desdibujada, totalmente ausente o, en el caso de nuevas parejas, contraproducente. Pero hay otro fenómeno que se está extendiendo y es más peligroso: la ausencia  de esta figura  cuando los padres están presentes en la vida familiar. Resulta más fácil dejar pasar, no tener enfrentamientos, conceder todo lo que los hijos piden... pero esa actitud, a la larga, acaba creando dependencia e inseguridad. 


En mi experiencia de educador he podido comprobar, más allá de las teorías, que muchos comportamientos violentos, agresivos o antisociales, son fruto y signo de una debilidad e inseguridad personal. Algunos chicos, de los que me tuve que hacer cargo en un hogar de acogida, eran el terror de los compañeros en la calle y la pesadilla de la policía municipal. Sin embargo, aquellos mozalbetes eran incapaces de dormirse sin la luz porque tenían pánico a quedarse a oscuras, o tenía que contarles historias e, incluso, no me quedaba otra que airear algún que otro colchón a la mañana siguiente por las incontinencias urinarias impropias de su edad. En la última etapa de mi vida laboral de educador también he podido comprobar, incluso estadísticamente, que un porcentaje elevado de los alumnos, que se quedan marcados por el fracaso escolar o que mantienen comportamientos absentistas y disruptivos en los centros escolares, provienen de familias en las que éstos han superado a los adultos responsables lo que, en vez de darles más fuerza, los deja seriamente debilitados para encarar su futuro. Las intervenciones que se pueden aportar desde las instituciones públicas para paliar estas situaciones se quedan muy limitadas si no cuentan con algún referente mínimamente sólido en la familia. A los que nos hemos batido el cobre en esas batallas al menos nos queda el consuelo de que, para bastantes de ellos, nuestras aportaciones les hayan podido servir de factores resilientes para encaminar su vida. Contra este problema no queda otra, así que plagiando lo que decía aquel grupo punky de cuyo nombre no quiero acordarme "mucha policía, poca educación... un error, un error!!"

jueves, 3 de octubre de 2013

Cuando un hombre ama a una mujer...

"¡Luisfer, joder, búscame una mujer!" La primera vez que me lo dijo lo tomé como una broma de las que nos solíamos hacer cuando en otra época coincidimos trabajando en la construcción. Toño -por dejar anónimo su nombre- era uno de tantos que se vino de los campos del sur de España para ganarse la vida. Al rebufo de su hermano mayor aprendió el oficio y se fue consolidando como un buen oficial de albañil. Era como un toro bravo, de corta estatura pero musculoso hasta decir basta. Derrochaba energía y parecía que nunca se cansaba. En su tierra había practicado no sé qué modalidad de lucha lo que le daba una resistencia fuera de lo común. Por aquella época
entablamos amistad porque estábamos empeñados en la lucha por conseguir convenios justos para los troncos de la construcción y él era de los más desatacados a la hora de dar la cara y de cantarle las cuarenta al que hiciera falta. Por otra parte, residía en el mismo barrio en el que vivía mi madre, por lo que era frecuente que de vez en cuando nos encontrásemos. A mí me despidieron de la empresa en que coincidimos después de una huelga y él la dejó años después porque le hacían la vida imposible y se puso a trabajar por su cuenta, junto con su hermano. Le sobraba energía y oficio para hacer frente a lo que le viniera.

Al cabo de un tiempo, en uno de los domingos en que fui a visitar a mi madre, ésta me contó que al hermano pequeño de Herrero se le había muerto la mujer de repente. Pasó bastante tiempo hasta que volvimos a encontrarnos y me invitó a un vino. Allí fue cuando me soltó por primera vez lo de que le buscara a una mujer. En aquel ambiente no le di mayor importancia, aunque le vi algo desaliñado, cosa que puede parecer normal cuando falta la que ha estado cuidando la casa. Sin embargo, en la siguiente ocasión en que nos encontramos estábamos solos y me volvió a repetir la frase pero esta vez noté que iba muy en serio. Llevaba un aspecto muy desaliñado para lo chuleta que había sido él antes. Los ojos no le brillaban y el tono de voz era tan alicaído que rayaba en lo lúgubre. Me lo repitió dos veces como si fuese la súplica de alguien que no puede más con su vida. Aún recuerdo perfectamente el lugar y la hora en que nos encontramos. Ya no le importaba el trabajo, la echaba mucho de menos y no encontraba con quién suplir ese vacío, aunque dudaba que eso pudiera ser posible.

Supongo que las palabras, o mejor, la arenga que le solté con toda mi buena voluntad no sirvieron de nada. Me dejó tan impresionado que, iluso de mí, me llegué a convencer de que en algún lado podría encontrarle una compañera. En aquellos tiempos no había internet, ni era pensable para un currela de la construcción acudir a uno de esos lugares donde se encontraban solteros y solteras. Estuve a punto de abordar a una conocida que estaba en una situación similar, pero a la inversa. Lo fui dejando y, como pasa en estos casos, se me fue el santo al cielo. Dos años después de ese encuentro, un domingo mi madre me comunicó que a Toño le habían dado tierra. Le encontraron muerto. Se había desmejorado mucho y parece ser que tenía algo grave, pero como no se cuidaba... Creo que siempre he sabido la enfermedad que este compañero tenía. Estoy seguro que murió de tristeza y esa enfermedad tiene muy mal remedio. A mí me dejó muy tocado porque al menos a mí me lo había contado y no supe o no pude hacer nada. A pesar de los años que han pasado aún me viene a la memoria su figura en lugares o en circunstancias que habíamos compartido. Como recuerdo le quiero dedicar esta música que casi todos sabemos de memoria y que me ha inspirado el título de este post. 

martes, 24 de septiembre de 2013

En la Sierra Brava Badaia

Con la disculpa de un encuentro acordado en Kuartango con viejos conocidos y mejores compañeros de antiguas andanzas, conseguí liar a tres de ellos para dar una paseo por la sierra Badaia antes de la hora de la comida. Hacía muchos años que no había pisado esa zona, pero una de las rutas que publica El Correo marcaba un paseo por la vasta altiplanicie de esta sierra, y me picó el venenillo. La ascensión no es costosa porque los tramos más empinados son cortos y luego las subidas a las cotas más altas son tendidas y se hacen con facilidad. Quiso la suerte depararnos un día espléndido de despedida del verano, lo que nos permitió contemplar unos panoramas extraordinarios. Nunca me había imaginado que fuera una atalaya tan impresionante. Además de los montes cercanos de Araba y Bizkaia, pudimos divisar desde el pico que está encima de Castro Urdiales, hasta los montes de la Demanda o el S. Donato y el macizo de Aizgorri. Nuestro amigo Luisma, oriundo de este valle de Kuartango, nos fue ilustrando de los diversos lugares de interés que éste esconde y de los diversos "susedidos" históricos, desde la paliza que les dieron los lugareños a los romanos que habían instalado un castro, hasta las estratagemas de los ingleses que se escondieron allí para ganar la batalla de Vitoria a las tropas napoleónicas, que les esperaban en el puerto de Altube. Luego pasamos a la otra vertiente de la sierra y pudimos contemplar la llanada alavesa con una vista en la que se veía Vitoria como en un croquis.

Resultó ser una mañana deliciosa, por el paisaje, por el ambiente y por la inmejorable compañía de la que pude disfrutar. De todos modos la conversación central del día fue la del problema del fracking, ese controvertido sistema de arrancar el gas incrustado en las rocas del subsuelo que acaba arrasando también el suelo donde se instala. Este valle y la sierra que pisábamos parecen ser un objetivo directo de los que planifican este sistema, lo que supondría arrasar el valle y las zonas circundantes, incluido el nacimiento y el salto del Nervión. Tanto a la entrada del valle como cuando bajamos al restaurante donde habíamos quedado con los otros compañeros, pude ver que el valle estaba plagado de carteles en contra del fracking y que la mayor parte de la gente portaba camisetas amarillas alusivas a que Kuartango no lo quiere. Más tarde llegó un numeroso grupo de vecinos ataviados con las susodichas camisetas procedentes de uno de los actos de  protesta que estaban programados en otro rincón del valle. Me impresionó la conciencia y el empuje que destilaban.

En mi anterior post me preguntaba hasta dónde iban a llegar los que nos gobiernan. Por lo visto, también están dispuestos a arrasar este valle y toda la cornisa norte de España que, al parecer, es de los lugares más aptos para acometer su destrozo. También me pude enterar que hay más movimientos ciudadanos por esta causa en otras partes de España y que están uniendo sus fuerzas a pesar de que todo el mundo sabe que nuestros mandatarios son capaces de pasar por encima de todo. Lo mismo les da los apuros y las angustias de tantas familias que se quedan sin becas o sin comer, como la cabaña ganadera que pueden desmantelar o la belleza de nuestros montes y valles. Total eso son para ellos paparruchadas de ecologistas estrafalarios y de idealistas que no conducen a ningún beneficio. Esta lucha contra el fracking tiene que ir ganando mucha más fuerza y apoyos ciudadanos porque va a necesitar de todo para frenar esos planes tan dañinos. Al parecer lo único que los están paralizando, por ahora, es la falta de financiación. Ironías de la suerte, algo bueno tenemos que aprovechar de la crisis.


miércoles, 18 de septiembre de 2013

¿Hasta dónde van a llegar?

"Quosque tandem, Catilina? Quosque tandem abutere patientiam nostram?" Traigo a colación este arranque de Cicerón en las Catilinarias porque creo que se lo podríamos aplicar al impresentable ministro encargado de desmantelar el sistema educativo público "¿Hasta cuándo, Wert? ¿Hasta cuándo vas a abusar de nuestra paciencia?" Me he quedado atónito ante las declaraciones de este señor respondiendo a las movilizaciones de alumnos, padres y profesores por el apabullante descenso de becas. 600.000 alumnos se quedan sin beca y este tipo se queda tan pichi diciendo que son "algunos" nada más los que protestan. Luego lo remató diciendo que esas protestas no tenían razón de ser porque era una "huelga política", esto es, que solamente intentaba ir contra el gobierno, o sea, contra él. ¿Es posible que no se haya dado cuenta del número de parados que hay, y de los que ya no perciben el subsidio o tienen que estar viviendo de la ayuda familiar? ¿Sabe a cuántos jóvenes les ha cerrado la puerta a la universidad y a la FP de grado superior con su subida de tasas y con ello les está hipotecando su propio futuro y rebajando el nivel de cualificación de las nuevas generaciones que son el futuro de todos? ¿En qué consiste su cacareada excelencia en la enseñanza, en echar de ella a los pobres? No me explico cómo una persona puede llegar a ese nivel de cinismo y a demostrar tamaña desfachatez insultando a la inteligencia de los ciudadanos.

Después de tanto años luchando por concienciar a las familias de la necesidad absoluta de la formación y por erradicar el absentismo escolar, uno se tira de los pelos al comprobar en qué manos está ahora la enseñanza pública. Hasta ahora teníamos que insistir a las familias en que no podían permitir que sus hijos  se presentaran en la escuela sin el material escolar necesario. A ver ahora quién el guapo que se atreve a sugerir esto en algunos sectores de población. Es verdad que ha habido, y seguirá habiendo, familias, sobre todo gitanas, que han querido aprovecharse de las becas para utilizar indebidamente el dinero de las mismas, pero eso no justifica medidas de este tipo que rayan en el descalabro para la inmensa mayoría de las familias que nada tienen que ver con esas prácticas.

Mira por dónde, hoy el gobierno holandés, dentro de la cara dura propia de los políticos europeos actuales, ha declarado sin ningún rubor que eso del estado del bienestar se acabó, eso sí, envuelto en una serie de eufemismos que son para partirse de risa sino fuera por lo que llevan detrás. Al menos han dicho una verdad sin pelos en la lengua. Todo un ejemplo de sinceridad para nuestros actuales gobernantes que en su campaña electoral no dijeron que se iban a cargar sistemáticamente el estado de bienestar, que tantos esfuerzos y tantas luchas nos había costado, porque era muy caro o porque les molestaba.
Apoyados en el absolutismo parlamentario se zafan impunemente de todos los compromisos que prometieron. Ahora dicen que en Europa y las instituciones económicas internacionales les felicitan por las medidas adoptadas. Lógico, los que están por los interese del capital les han impuesto estos deberes y se ve que van aprobando en la tarea encomendada. Deberían preguntar a los ciudadanos españoles, incluso a los que les habían votado, a ver si éstos les aprueban.

También se les llena la boca con que la economía va bien, pero esa señora no vive en la mayor parte de los barrios obreros de todo el estado, ni en muchos pueblos pequeños, ni en la casa de los que tienen que ir al banco de alimentos o de los que se quedan sin becas, ni el cartilla de tantos pensionistas sumidos en la miseria... Seguro que en los años que nos faltan para llegar al final de esta dictadura parlamentaria, les va a dar tiempo en acabar con gran parte de lo que nos queda en pie de lo público, por eso me hago la pregunta del título, porque lo de pararles lo tenemos a millón. 

jueves, 5 de septiembre de 2013

En el 30º aniversario de las inundaciones de Bilbao.

El pasado 26 de agosto quedé impresionado al visionar el programa de ETB sobre las últimas inundaciones de Bilbao. Según iban pasando las imágenes y los testimonios se me agolpaban un montón de recuerdos. Sin embargo, lo que resultó de un interés especial fue el compartir ese rato con María y con nuestra hija. Siempre hemos dado gran importancia en nuestra familia a la transmisión oral de recuerdos, de experiencias, de acontecimientos... ya sean de nuestra historia personal o de la historia en la que nos tocó crecer y vivir. Nos parece un puntal importante de la educación familiar para que los que vienen detrás encuentren razones para entender lo que se encuentran hoy y para tener referencias que les ayuden a formar los criterios de su propia vida.

Nos estábamos viendo envueltos en aquella multitud armada de escobones y palas dispuestas a darlo todo hasta caer de culo por el cansancio. María y yo estuvimos los primeros días en el Casco Viejo y en Rekalde. Después nos reclutamos en las brigadas del ayuntamiento de Barakaldo y nos tiramos en Alonsotegi una semana sin descanso sacando barro, piedras, troncos y hasta animales muertos. Teníamos dos sentimientos encontrados, por una parte la impotencia de ver que aquello no se acababa nunca y por otra la satisfacción de haber aportado todo lo que podíamos aportar.

Al mismo tiempo recordábamos anécdotas de cómo baja la ría, de personas conocidas que lo pasaron mal... en especial de mi difunto primo Txomin que, como nunca salía de las tascas del Casco Viejo, estuvo pasando la noche en una terraza del bar donde estaba subido en una torre de cajas de botellas de vino vacías. Yo me libré de la riada porque aún no había bajado a la sede de la comparsa, aunque me quedé sin trombón porque lo había dejado en el sótano y supongo que se iría a dormir entre los fangos de la ría o derechito al mar. Estaba en casa de mi madre pasando unos días y al vivir en Arangoiti solo veíamos que la carretera de acceso al barrio y los caminos del monte se habían convertido en un abrir y cerrar de ojos en unas torrenteras que arrasaron el barrio. Yo comencé a llenar la bañera y todos los cubos y cazuelas de casa de agua, a pesar de la extrañeza de mi madre. Al día siguiente, no había agua pero nosotros tuvimos suministro para unos cuantos días.

Así quedó la txosna de mi comparsa
La semana siguiente comenzaban las clases y yo tenía que ir a Santurce. Por aquel entonces estaba dando clases en el instituto de formación profesional. Solía ir en el tren de cercanías que discurre paralelo a la ría. Fue un viaje desolador al ver todas las factorías llenas de barro, de árboles... con paredes caídas y gran cantidad de materiales inservibles. Me entró una especie de angustia al encontrarme con que no solo había quedado arrasada la zona comercial sino que las industrias habían corrido una suerte similar. Tenía la impresión de que no íbamos a levantar cabeza, que aquello iba a suponer la ruina de la región o algo así. Sin embargo, aquello supuso en realidad un resurgimiento y un empeño en mejorar y aumentar lo que se había llevado el aguadutxu. Y es que este país somos así y me siento orgulloso de participar de ese espíritu de superación y de visión de futuro. A mí me pasó que intenté superar esas sensaciones negativas escribiendo mi primer poema. Lo he colgado en mi pequeño poemario que tengo medio abandonado y, quizás, en esta ocasión también el recuerdo de las inundaciones me devuelva a la poesía.

domingo, 25 de agosto de 2013

Un cumpleaños especial

En el pasado 14 de agosto me he encontrado con un cumpleaños especial, me han caído los 65 años. Quizás no tengan nada muy diferente a los 64 o a los 66, pero está marcado socialmente y, quieras o no, esas marcas influyen también en lo personal. Ya pasa uno a la reserva laboral, lo que supone un cambio más que sustancial de la forma de vida. Se abre de repente una puerta y, aunque muchos hayan descrito lo que hay detrás, según su propia experiencia, no deja de ser una caja de sorpresas porque no podemos suponer lo que se va a encontrar uno detrás de ella. Conocemos nuestra manera de reaccionar, nuestras fuerzas, nuestras debilidades, pero siempre en el contexto de nuestras rutinas diarias o de las diversas épocas de nuestra vida. Lo que me llega ahora es una situación novedosa sobre la que se dicen muchas generalidades pero para cada uno es una experiencia personal e intransferible y, por ende, distinta por lo que lo que te cuenten no sirve para mucho.

Por aquello de las nuevas normativas que se impusieron por pelés, tengo que esperar hasta el 14 de septiembre para acceder a la jubilación. Los de mi quinta somos los primeros que comenzamos con el retraso de la edad, aunque, visto lo que va a venir, lo mío no ha sido ni un rasguño. Es ahora en este intermedio entre el cumpleaños y el 14 de septiembre cuando siento una especie de vértigo al ir viendo acercarse esa fecha. Creo que puede ser normal ante algo que sé de antemano que es totalmente nuevo y, de alguna manera, definitivo porque supone inaugurar la última etapa de mi vida. Sin embargo, quiero que esta nueva etapa sirva ante todo para mi crecimiento y enriquecimiento personal, pues supongo que se comienza a ver la vida y los acontecimientos desde una perspectiva distinta y esto puede suponer el descubrir nuevos rincones de la personalidad y llegar a espacios vitales que no se conocían antes.

Mi primer propósito es poder tener una mayor dedicación al cuidado de mi familia y de nuestra hacienda. Muchos comentan con sorna que los jubilados solo hacen que molestar en casa, espero que éste no sea mi caso. Por otra parte, no creo que me vayan a faltar oportunidades de seguir colaborando con programas o iniciativas solidarias, lo que para mí será una gozada y una parte fundamental de mi vida. Creo que podré dedicarme también a mis aficiones favoritas la lectura, el estudio, la escritura, la música, el monte... y prometo desde aquí mantener, mejorar, ampliar este blog. O sea, que no voy a tener demasiado tiempo para aburrirme ni voy a necesitar inscribirme en programas de esos que se estilan para entretener a las personas mayores y quiera Dios que esto dure mucho tiempo. En fin, con estos sentimientos y estos pensamientos me estoy preparando para el paso a mi jubilación. Que Dios reparta suerte!!


martes, 6 de agosto de 2013

Excursión por las Merindades

En las pasadas fechas de julio, en las que hay poca gente en el pueblo y los días son más largos, solemos aprovechar para hacer excursiones. Preferimos ir recorriendo lugares y territorios poco conocidos por aquello de ir conociendo mejor los regalos de la madre naturaleza que no salen en la tele ni tienen mucha fama. Esta vez hemos querido seguir conociendo mejor la zona de los cañones del Ebro que tanto nos gusta. Nos hemos dirigido directamente, dejando atrás Pesquera de Ebro con sus atractivos turísticos, a Tudanca, una aldea perdida entre  unos recodos del río y unos murallones llenos de vegetación donde se acaba la carretera. Parte de su caserío sigue derruido, pero, como en gran parte de las merindades burgalesas, hay un notable número de edificios que han reconstruido gentes nacidas allí o descendientes suyos en plan de segunda vivienda y que dan algo de cobertura a los que aún siguen habitándola y viviendo de su ganado. 

Tudanca es de esos lugares en los que, una vez allí, miras a tu alrededor y te crees que ya no se puede salir de él, a no ser trepando por las rocas. Así debía de ser porque para poder superar la garganta de Los Tornos tuvieron que tallar un camino en la roca viva para mantener la comunicación con Cidad y los siguientes pueblos del Ebro. Nada más bajarnos del coche nos dirigimos hacia la garganta del cañon bordeando el cauce del río y justo en la última curva del mismo comenzamos a subir el empinado sendero. El panorama, y el airecillo que mitigaba el calor, bien merecieron el esfuerzo. Como se puede comprobar en el álbum que adjunto no nos separamos de la cámara de fotos. Es algo impresionante sentirse perdido en esos monumentos de la naturaleza, vigilado por los buitres y los rapaces con el continuo sinfónico de los rápidos del río, con el estallar del agua en las rocas y el runrún del viento que se aceleraba al pasar por el desfiladero. Después de dos horas y media de caminata nos sentamos a comer en la campa que está delante del pueblo, justo a la orilla del río disfrutando del fresco del agua, del panorama y acompañados por las vacas que también comían como nosotros. Para los vecinos que estaban en una especie de terraza de bar esperando a la hora de comer, resultamos ser un entretenimiento gratuito pues no quitaron el ojo de encima de todos y cada uno de nuestros movimientos.

Siguiendo las indicaciones de nuestra guía sustituimos la siesta por una visita a un afamado dolmen de 5.000 años de historia con losas monumentales de casi tres toneladas. Para ello tuvimos que dejar atrás el entorno del Ebro y subir al páramo a un pueblo llamado Porcinos. Allí el sol era implacable y no había ninguna brisa que lo aliviase. Después de algún despiste y una buena caminata chupando polvo nos encontramos con el deplorable panorama de un lugar histórico recubierto de maleza y totalmente abandonado, tal como se puede ver en las fotos. Tras esa frustración volvimos sobre nuestros pasos por otro rincón perdido entre sierras con pequeñas aldeas diseminadas pero de una  vegetación impresionante: el valle de Zamanza. Merece la pena pasear por él o contemplarlo desde la altura del páramo.

sábado, 20 de julio de 2013

Cristianismo versus cristiandad

Creíamos ingenuamente que después del Vaticano II, con la importancia que éste dio al laicado, con el florecimiento de las comunidades de base... se había dado carpetazo a la cristiandad, inaugurada por los últimos emperadores romanos que identificaron cristianismo con el imperio y mantenida hasta entonces a golpe de autoritarismo moral y dogmático. Nada más lejos de la realidad, dado que los que votaron en contra de los documentos conciliares fueron los que se quedaron encargados de ponerlos en práctica. Ni la curia romana, ni gran parte de la jerarquía estaban por la labor de asumir las últimas consecuencias del Vaticano II. A todo esta rémora se sumó larga travesía del pontificado de Juan Pablo II que se erigió en líder indiscutible y centralizador, consolidando una estructura totalmente vertical y jerarquizada de la iglesia. El remate nos vino de la mano de Benedicto XVI, el gran inquisidor de las últimas décadas, que quiso imponer su visión teológica y eclesial. Su retirada ha dejado bien a las claras, además de su honradez personal, el fracaso de sus ideas y de la concepción verticalista y jerarquizada de la iglesia, por todos los escándalos que manchan a la curia y al clero y por el alejamiento de muchos creyentes.

En lo que nos toca más de cerca, el largo pontificado de Juan Pablo II ha consolidado en España un bloque episcopal de marcado signo restauracionista, esto es, retrógrado y autoritario, al que solo le faltaría incoar la beatificación del Caudillo. Ya pasaron a la historia los obispos que propiciaron los pequeños concilios diocesanos, los movimiento laicos y obreristas, el fomento de las comunidades parroquiales... Hoy en día la jerarquía española se quiere erigir en la autoridad moral del país imponiendo sus doctrinas. No contentos con ello se han convertido en el principal grupo de presión ante los gobiernos, favoreciendo a  los más derechosos, con el principal objetivo de conservar y acrecentar sus privilegios. Han convocado numerosas y multitudinarias manifestaciones -incluidas las visitas papales- que, bajo un formato religioso, eran torpedos a la línea de flotación de los gobiernos socialistas. Por otra parte, a gran parte de ellos les encanta sentirse  televisivos y, pagados de sí mismos, fomentan una liturgia de boato en donde los fieles solamente sirven para hacer número y decir amén, porque lo último que harían sería escucharles. Lo que más me indigna es que a toda esa tropa de jerarcas se les identifique como la iglesia. Entonces los que estamos al pie del cañón compartiendo con otros creyentes nuestra fe, nuestra vida y nuestro compromiso por los últimos de este mundo, qué somos si no tenemos nada que ver con ellos. 

De repente aparece Francisco, como sustituto del dimisionario, que comienza dando una serie de signos que, más allá de lo pintoresco que puedan resultar por lo chocante, me parecen importantes. Los medios y las redes sociales se fijan en los zapatos, en que no lleva ropajes fastuosos, en que se mezcla entre los fieles, en que dice cosas que todos entienden, en que besa los pies de chavales de reformatorio... y en otro tipo de medidas de más calado, como la intervención de la banca vaticana. Todos estos detalles tiene un trasfondo importante, pero yo quiero subrayar aquí otros. Empezó su pontificado pidiendo la oración y la bendición de los fieles y desde el principio se ha autodenominado obispo de Roma y no papa. Podría parecer que lo primero se queda en el típico
gesto de simpatía para caer bien a la gente, pero supone, al menos para mí, un primer paso para devolver a los fieles su protagonismo en la vida eclesial. Así mismo, se trasluce en esa forma de comenzar su pontificado que entiende que todos compartimos el mismo Espíritu, sin que un puesto jerárquico suponga recibir .una mayor parcela del mismo. Pero su pontificado no pretende ser de un papa emperador con corte palaciega, sino un pastor obispo de Roma, "primus inter pares", no por ser el que tiene el poder sino el que asume la responsabilidad de mantener la unidad y alentar la fe de las comunidades cristianas.

Estas nuevas dimensiones que se abren a partir de estos pequeños gestos apuntan posibilidades de editar una iglesia que responda a los nuevos paradigmas de la era global. Una iglesia de comunidades creyentes que sean la interpretación  viva del mensaje de Jesús en esta nueva era de la información y de la globalización, más allá de convertirse en un museo que conserva impolutos dogmas, preceptos morales, liturgias estáticas, jurisprudencias canónicas... a los que no se puede tocar y con los que se pretende seguir rigiendo la iglesia e, incluso, las sociedades bautizadas como cristianas, a pesar de declararse laicas. Para ello se va a necesitar, más tarde o más temprano, un potente motor de arranque, esto es, un nuevo concilio ecuménico que ponga las primeras piedras de ese camino que preveo largo y arduo. Un concilio que no podrá ser ya Vaticano sino que tendría que ser descentralizado y descentralizador desde su raíz y en el cono sur, a ser posible.

lunes, 8 de julio de 2013

Garikoitz ha muerto

Ha sido de repente, con la llamada de mi primo Luis. He tenido que pasar de una noticia de periódico a saber que ese niño ahogado en la piscina de Ortuella y que ha estado varios días en el candelero de las noticias locales, era nuestro Garikoitz. He sentido un pinchazo profundo en las entrañas y me he quedado mudo en el teléfono como quien no puede creer lo que está oyendo. Pero la realidad se impone y mientras hablaba con Luis comencé a atragantarme con las primeras lágrimas y noté cómo me arrancaban algo de lo más profundo de mí. Entonces es cuando me di cuenta de lo adentro que llevaba a este crío.

Garikoitz era nieto de mi difunto primo Fernando y poco a poco en mis visitas a la familia nos fuimos encariñando mutuamente. Ese vitalismo que le llevaba a no parar, esa imaginación que le llevaba a inventar juegos y la espontaneidad que irradiaba me encantaban. Para mí era un gustazo, y a la vez un susto, verle correr y saltar hasta mi cuello con un ímpetu que ponía a prueba mi tocada zona lumbar. Se quedaba apretado y me iba comentado sus cosas mientras lo llevaba aupas. Me concedió el privilegio de conocer sus rincones y escondites secretos y siempre me encomendaba la construcción de su destartalado barco pirata, mientras él jugaba con esos horrendos muñecos  transformer. Ya me terminó de conquistar con su empeño de saber cuál era nuestro parentesco. El día en que comprobó que nuestros segundos apellidos coincidían dio un grito de entusiasmo que me dejó derretido.

Y de repente ya no está. Y no tengo ningún pensamiento de consuelo, solo lágrimas como las que me están molestando para terminar de escribir esto. Las muertes de los niños, y más si son por accidentes, siempre nos resultan trágicas, pero éste era mi niño y no sé qué demonios me lo ha arrebatado, si el corazón. o uno de sus impulsos o el descuido de sus cuidadores... o todos ellos juntos. De todos modos, aunque esa ausencia va a dejar un hueco en mis entrañas muy difícil de llenar, me quedo con las palabras que su madre nos dirigió en el funeral para recordarle: Garikoitz ha sido un niño feliz y el mejor hijo del mundo. Si algún día me regalan un nieto, quiero vivirlo así.

lunes, 1 de julio de 2013

Algunos errores de bulto peligrosos

Acabo de escuchar perplejo el testimonio de un profesor que comenta un caso preocupante de un alumno que estaba en las prácticas en empresa . Este se dirige a uno de los empleados de la empresa y le pregunta cuánto gana al mes. Al oír la cantidad resopla despectivo y contesta, como quien tiene todo clarísimo, "yo por menos de 2.000 al mes, no me levanto". En la tertulia del café, comentando casos de este estilo, uno de los compañeros nos cuenta el caso de una familiar que estaba desesperada con su hija. La chica entra a trabajar en uno de los muchos Decathlon que hay por aquí, pero tiene la costumbre de llegar de las 9,15 en adelante, cuando no son las 10. Después de una semana en este plan, el encargado le dice que ya vale de retrasos. "¿Por qué tengo que entrar a las 9?" "Porque la tienda abre a las nueve y es lo que pone en el contrato" "¿De qué vassss???" gritó toda ofendida como quien se siente maltratada. Claro, a la siguiente se encontró con la papeleta de despido. Versión de la chiquilla al llegar a casa: el encargado es un hijo de... y un fascista.

Estos dos ejemplos, que aunque parezcan exagerados son por desgracia reales, no dejan de ser una punta del iceberg, esto es, un indicador de la mentalidad que subyace en una considerable parte de los adolescentes de las generaciones actuales. Se puede saber en qué mundo viven estos jóvenes o quiénes les han instalado en ese espacio virtual. Por más que se quiera hacer en los centros educativos, hay aspectos de la vida a los que no se puede llegar ni con los recursos pedagógicos ni con el mejor de los empeños del profesorado, sencillamente porque ya es tarde. Esta mentalidad ha quedado registrada en el imaginario de los chavales por las vivencias transmitidas en el entorno familiar, por los modelos que perciben a través de los medios de comunicación o de las redes sociales y por la inevitable influencia del ambiente social  en el que se mueven. Ante esto, una vez más, se presentan un montón de preguntas de esas que resultan exasperantes, porque o no tienen respuesta o solamente nos remiten a lo que se tuvo que hacer en el pasado para no llegar a estos extremos.

¿Por dónde podemos empezar para hacerles bajar al mundo real y a la despiadada realidad laboral? ¿Hasta cuándo van a estar exigiendo de todo en casa, pase lo que pase, sin tomarse en serio que tienen un futuro que desarrollar para su propia autonomía en la vida? ¿Por qué en muchas familias se siguen consintiendo  actitudes y comportamientos descaradamente infantiles hasta edades inusitadas? ¿Es de verdad que se creen que en el resto del mundo pueden imponer sus caprichos y sus órdenes como lo consiguen hacer en casa? Como, por ejemplo, esa alumna que llega llorando con su madre al centro y ésta arremete contra la responsable de prácticas exigiéndole que la cambie de empresa, porque a la nena le cae muy mal esa gente, a todo esto la nena ya pasaba de los 18 años. 

Lo más preocupante es que con estas actitudes se están echando a perder un montón de recursos educativos y de procesos de aprendizaje dedicados a la formación humana y profesional de esos jóvenes. Como consecuencia, irán cometiendo error tras error y, por más garrafales que éstos sean, no van a ser capaces de percatarse de ellos, ni van a aceptar las advertencias que les lleguen del mundo de los adultos, porque "no tienen ni idea " y los que se saben todo son ellos, o no? Y mi otra preocupación es que la casi totalidad de estos casos corresponden a los sectores de alumnado con niveles inferiores de formación o con familias de escasos, cuando no nulos, recursos. Como suele suceder, los que más necesitan de estos recursos formativos y a los que el futuro se les presenta más difícil y con mayor carga de esfuerzo, son los que más pasan de esfuerzos, de formación, de titulaciones... Pues lo tienen claro si piensan que van a poder engancharse a la teta de las ayudas públicas cuando se les acabe la de sus padres para resolver su vida.

miércoles, 19 de junio de 2013

Esos trenes que no vuelven a pasar...

Hacía mucho que no la veía. Me crucé con ella hace unos días y aún me conocía, porque fue ella la que me saludó primero. No sé en que número de recaída está o si anda en período de recuperación, pero con su cara desfigurada, marcada por las aristas de los huesos y con su extrema delgadez, da siempre la impresión de cadáver ambulante, como la inmensa mayoría de los yonkis aviejados. Intentó esbozar una sonrisa, que se quedó en mueca dejando entrever unos dientes deteriorados, con la que me envió su saludo. Le devolví el saludo con la mejor sonrisa que pude y me fijé en su acompañante de siempre, que tiene la costumbre de ir dos pasos más atrás que ella y hace como que la escucha. Tampoco él tenía tan mala pinta como otros días.

Nina -este no es su nombre, claro- tenía apenas 16 años cuando la conocí. Vivía en un barrio deteriorado de Barakaldo, aunque ahora está bastante mejorado. Su padre era el típico currela de Altos Hornos que se tuvo que prejubilar cuando le dieron el cerrojazo a la empresa. Era de las que andaba a su aire y traía a la familia de coronilla porque no tenían manera de controlarla. Era la época en que aún se tonteaba con la droga dura porque no se había percibido sus consecuencias. Estábamos poniendo en marcha un trabajo para jóvenes parados y con un pie en la marginalidad en colaboración con los Traperos de Emaús y nos habíamos propuesto incluír a chicas en el proyecto. A través de las amistades que me fui haciendo entre la basca durante mis paseos nocturnos por la zona y por los conocidos de mis conocidos del hogar en el que trabajaba, me encontré con su amiga inseparable, que por aquel entonces hacía correr ríos de tostesterona entre la chusma de la zona pero que fue de las primeras que no sobrevivió al sida. Me hice el encontradizo varias veces con ellas y les oferté la posibilidad de tener un trabajo para comenzar a abrirse paso en la vida. Con Nina pude hablar más veces, aunque nunca me dijo ni que no ni que sí, pero su amiga ni siquiera me escuchó. En aquel entonces andaban tonteando con unos gitanos de Sestao que las chulearon todo lo habido y por haber. Lógicamente su decisión final cayó del lado más fácil, la complicidad con su amiga y la zalamería de los gitanos junto con la droga que pasaban, y nosotros contratamos a otras chavalas.

Un día, después de diez años o así, acompañando a la escuela a uno de los tutorados del hogar, me encontré en el patio con la madre de Nina que andaba peleando con un crío y me terminó de contar la historia. Estaba totalmente desesperada porque ya no sabían qué hacer con el chaval. Nina lo había abandonado y los abuelos de la criatura no habían permitido que intervinieran los servicios sociales y lo estaban criando como a un hijo. Siempre llega un momento en el que los críos se vuelven insoportables para los abuelos que hacen de padres. Por otra parte, ella había estado al borde de la muerte pero cuando la iban a ayudar desaparecía de nuevo. Con el tiempo he mantenido algo de relación con familiares suyos y he seguido de cerca la evolución de su hijo, que ha resultado ser un chavalote formal y bien plantado con iniciativa para buscarse currelos en estos tiempos de sequía laboral. Sé que Nina ha estado yendo de programa en programa con temporadas de mejora y con las típicas recaídas, y ahí anda dando tumbos por la calle y por los parques en los que se juntan los colegas.

Más de una vez me ha venido a la cabeza el pensar qué distinta hubiera sido su vida y su historia si hubiese venido con nosotros a un trabajo adaptado a su situación, pero se le escapó el tren. Otros y otras sí aprovecharon la ocasión, aunque no todos supieran o pudieran aprovecharla. Algunos tienen hoy su propia familia, otros han mantenido una vida más o menos normalizada lejos de la marginalidad y nunca faltan los que se fueron quedando por el camino, porque se tiraron en marcha o porque luego perdieron el norte. Aquel trabajo no era, ni pretendía ser, la panacea que iba a resolverles la vida. Era un tren que les permitía salir del barro en el que estaban metidos y les llevaba a otras estaciones por las que pasaban otros trenes de más larga distancia. A la vez ya se habían preparado para no perder más trenes y para saber distinguir los que más les convenía. Es terrible ver que hay decisiones en estas vidas que marcan un antes y un después y que imposibilitan la vuelta atrás para poder retomar el camino correcto en aquel punto. La impotencia que siento al contemplar los resultados de estos errores me sigue punzando en lo más íntimo de mis entrañas, y aún no me la he quitado de encima.

viernes, 24 de mayo de 2013

¡Gracias, 15M!

En otras ocasiones he escrito que el fenómeno del 15M me ha pillado a paso cambiado , por lo que no me he encontrado con fuerzas para participar directamente en sus movilizaciones. Aún así, me considero un participante de retaguardia y hoy quiero reconocer lo que ha supuesto para mí uno de los fenómenos sociales que más ha impactado en la sociedad española de este principio de siglo. Considero, ante todo, el 15M como una erupción volcánica de dimensiones espectaculares, provocada por la acumulación de los gases de la indignación y, por qué no decirlo, de la mala leche que estaba generando en gran parte de la población la tomadura de pelo y el expolio al que se nos está sometiendo. Puede que muchos consideren que fue un desahogo y se acabó. Yo lo veo de otra manera. Esa erupción ha dejado abierto un cráter por el que siguen surgiendo unas lavas muy interesantes que están propiciando cambios importantes en el terreno social y político.

Muchos de los que participamos en su día en la lucha sindical, estudiantil o ciudadana para conseguir que este país pasara de la noche de los tiempos a un horizonte abierto, nos encontrábamos sumidos, en mayor o menor medida, en una sensación de desengaño. Era lógica nuestra decepción ante los derroteros que había tomado la vida política y ante la indiferencia y el autismo que se habían apoderado del ambiente social. El 15M ha supuesto el volver a tener razones para creer que no todos los valores se han perdido. A muchos nos ha supuesto comprobar que lo que empezamos tenía razón de ser y que de aquellas cenizas va surgiendo algo nuevo que nos impulse a salir del pozo donde nos han metido, sin esperar a que los próceres, tanto económicos como políticos, nos echen la escalerilla, porque sabemos de sobra que no lo van a hacer porque no saben, porque no pueden y, en realidad, porque no quieren.

Los más escépticos creen que, como este movimiento no ha cuajado en un alternativa política en forma de partido, coalición o algo similar, no ha servido para nada. Sin embargo creo que ahí radica su fortaleza. No necesitamos más partidos políticos sino más protagonismo de los ciudadanos y más fuerza en los movimientos sociales para que aquellos se bajen de su pedestal y respondan a las necesidades que se les plantean, para lo que teóricamente se formaron y fueron elegidos. Los movimientos antidesahucios, las mareas naranja, blanca, verde... no pasarán aunque el absolutismo parlamentario que asola este país siga cometiendo atrocidades sin escucharles. Si estas mareas no llegaren a ser suficientes, habrán dado paso a otras que como olas continuas irán erosionando ese poder económico y político enrocado en la ideología neoliberal. De una cosa estoy seguro y es lo que más agradezco al 15M: ya no van a poder mantener adormilada a la sociedad y, mucho menos, callada. Por eso mi título, gracias a todos esos ciudadanos que semiorganizados o espontáneamente es han echado a la calle y han hecho posible estas realidades.

martes, 7 de mayo de 2013

Siempre es pronto para decir "imposible"

No levantó la vista ni siquiera cuando me presenté.  Apenas pude verle la cara porque no levantaba la vista del suelo y dejaba car sobre el rostro su abundante y desmelenada cabellera negra, mal sujeta con una diadema entre infantil y hortera, un tanto impropia para sus casi 15 años y acorde a su aspecto desaliñado. Se había negado a ir a clase y después de una semana de ausencia el director del centro llamó a la madre dándole un ultimatum. Ante esto la madre había llevado casi a rastras a su hija y ahí estaba ella sentada en el despacho del jefe de estudios, sin querer entrar en clase y superenfadada con todo el mundo mundial. Estuve con la orientadora para otros asuntos y, de paso, pedí entrevistarme con ella porque estaba al tanto de la situación, pero la entrevista se redujo a un monólogo con el que simplemente intenté provocar alguna reacción. Sólo conseguí que me contestara con algún movimiento de cabeza en plan afirmativo, algo es algo. La orientadora estaba un tanto cortada ante el plante de la muchacha porque pensaba que me lo iba a tomar como un desprecio. Me acompañó hasta la salida del centro casi pidiéndome disculpas y, entre otras lamentaciones, soltó la frase fatídica "no tiene ya remedio".

Iros todos a la ...
No sé si lo dijo como para descargarme de la supuesta frustración que me llevaba o para consolarme queriendo decir hasta aquí hemos llegado y no hay nada más que hacer. Por supuesto que yo tenía muy claro que a la moza no faltarían  graves motivos para haber llegado a esa situación, por lo que, aunque su monumental y adolescencial cabreo nos fastidie, yo, ante todo, lo respeté. De entrada ni le eché ningún discurso, ni ningún reproche, simplemente le dejé caer un par de cosas que le podían interesar y que percibiese que allí había alguien que, para bien o para mal, se interesaba por ella. Punto. En este contexto considero que esos movimientos de cabeza fueron ya un pequeño paso. Claro está, que en el resto de mi jornada me dediqué a reclamar recursos para ver por dónde podíamos abordar el caso mejor, pero ya contaba con que el anzuelo estaba echado.

Es la solución más fácil, sentenciar que algo es imposible y, a continuación, sacar la bola de cristal y augurar un desastre anunciado. Claro que el caso es grave y que se va a necesitar de bastantes recursos para evitar la desgracia de esta adolescente rota o maltratada por la vida y frenar el previsible desastre de su futuro. Lo más seguro es que, de entrada, se vaya a cerrar más en banda y que, encima, no quiera aceptar las ayudas que se le ofrezcan. Sin embargo, esto no justifica de ninguna de las maneras el tirar la toalla ante su bloqueo, ni mucho menos hacerla responsable de su fracaso. No queda otra que seguir a su lado, que perciba que alguien está preocupado por ella. A partir de aquí es cuando puede ir asimilando algo, probablemente sin que nos demos cuenta, y ahí está la clave aunque no se consiga todo lo que se espera de ella. En estos momentos su camino  deambula por una cuerda floja agitada de pulsiones y altibajos, y son algunos de esos "algo", con los que se haya quedado, los que en un momento dado le van a dar fuerzas para que su vida comience a transitar por el lado de tierra firme y no se incline hacia el precipicio. Nunca podremos saber cuándo va a llegar ese momento y, si hemos dado el caso por imposible, tendremos muchas bazas para acertar en el pronóstico del desastre, pero, a la vez, habremos sido en algún grado cómplices del mismo.